Guadalmedina: río de la ciudad

Noviembre 27, 2007 · Dejar un comentario

Guadalmedina: río de la ciudad, POR JOSÉ DAMIÁN RUIZ SINOGA.

Artículo publicado en el Sur Digital, aquí.

POCOS como los malagueños para saber que la consabida frase «los ríos tienen sus escrituras debajo del brazo» es más real que el mismísimo Guadalmedina. Y por eso no es menos cierto que desde hace tiempo están buscándole soluciones al río, como si fuese él quien atenta contra la paz y sosiego de la vida cotidiana; precisamente el río de la ciudad. Como si los ocasionales desbordamientos de antaño o su cotidiana raquítica presencia en la ciudad obligasen a tomar decisiones políticas excluyentes, dado que, en definitiva, parece que en esta Málaga cosmopolita el Guadalmedina ya no cabe.

Según dicen algunos, pareciera que hablan de un tubo que lleva agua de vez en cuando, y dado que se trata de un caudal ocasional, esporádico, y para colmo de males, ocupa un espacio en el centro de la ciudad, por tanto espacio urbano, pues realizan una traslación social y lo convierten en «el río que divide la ciudad». De la misma manera que el Segura divide a Murcia, el Ebro a Zaragoza, el Sena a París, o el mismísimo Guadalquivir a Sevilla, y nos resulta bastante difícil imaginar la posibilidad de borrar estos ríos de sus cauces actuales, y digo sus cauces, porque todos ellos pasaban por allí antes de que fuesen colonizados por las diferentes expansiones urbanas. Nos referimos a un río, es decir, una masa de agua continental con un caudal más o menos continuo que fluye en su mayor parte sobre la superficie del suelo, pero que puede fluir bajo tierra en parte de su curso.

Nuevamente, un planteamiento recurrente, como las riadas, vuelve a tomar fuerza en la idea de actuar sobre el Guadalmedina. Políticos, gestores del territorio y medios de comunicación confluyen en la necesidad de actuar ya para que el Guadalmedina deje de convertirse, según algunos, en «la cicatriz» de Málaga. Es un problema urbanístico, social, territorial, ambiental, hidrológico e hidráulico, y obviamente a todos ellos hay que buscarle solución, pero salvaguardando estos dos últimos.

En esencia, se trata de actuar desde el punto de vista hidráulico en el cauce de un río, y justo en el tramo final, cuyo comportamiento dependerá de todo el sistema hidrológico que hay aguas arriba, de las características fisiográficas de la cuenca vertiente, así como de la pluviometría de la zona de afección. Es decir, un ecosistema fluvial, en el que dadas sus características pluviométricas -esporádicas, intensas y de corta duración- tiene un comportamiento hidrológico de respuesta inmediata a las precipitaciones que superan la capacidad de retención por parte de la vegetación y los suelos. En nuestro caso, y dado que está regulada gran parte de la cuenca por la presa de El Limonero, habría que incluir las aportaciones que suponen los posibles desagües de la misma. El origen del problema es hidrológico, la consecuencia es hidráulica y la percepción y el valor añadido son sociales y urbanísticos, y difícilmente pueden abordarse estos últimos sin previamente resolver los dos primeros. Todo ello, considerando que debe cumplirse, porque es preceptivo, la normativa derivada de la Directiva Marco del Agua, puesto que el cauce y las aguas subterráneas no son elementos ajenos al sistema hidrológico. Así pues, ojo con las alegrías y las propuestas de diseño de gabinete, porque el marco conceptual y normativo las pueden convertir en papel mojado a la primera de cambio, no sólo por el organismo de gestión de la cuenca, sino por la propia Unión Europea, a la que probablemente habrá que solicitarle fondos para la ejecución del proyecto final.

Quizá el tema no sea resolver «la ruptura urbana», la «cicatriz», o el río que «divide» mediante propuestas basadas en el cemento o asfalto, y bastante poco sostenibles, por cierto, sino en recuperar un ecosistema fluvial, degradado por el hombre, y convertir ese espacio en centro de referencia en vez de frontera. Pero para eso habrán de resolverse las cuestiones hidráulicas e hidrológicas.

Dado que el origen es hidrológico, su área de afección es toda la cuenca, y es necesario la realización de actuaciones hidrológicas que conduzcan a que el agua que llegue a la presa de El Limonero mejore sus características actuales en tiempo y forma, es decir, que tras un intenso evento pluviométrico en la cuenca circule más lenta, menos agresiva, con menor energía, en definitiva, con menor potencial erosivo, y más limpia, o sea, con menos aportes sólidos, que no son sino el resultado de la progresiva degradación de los suelos y la aparición de procesos de desertificación. Por cierto, un síndrome más del tan cacareado calentamiento global. La única receta válida para esto es la restauración hidrológico-forestal.

Dado que las consecuencias son hidráulicas, es necesario actuar con soluciones basadas en la hidráulica, ya sea en cauces naturales o artificiales. Siendo evidente que la construcción de la presa de El Limonero ha supuesto un importante control del riesgo de avenidas, no es menos cierto que tras su inauguración se ha vuelto a ver en determinadas circunstancias al río en su tramo urbano ‘de banda a banda’, con su caudal de avenida, básicamente porque han coincidido en el tiempo la necesidad de desaguar la presa y los aportes de los arroyos existentes aguas debajo de la misma, con una importante carga de aportes sólidos, es decir, de tierra. Volvemos a la cuestión hidrológica, puesto que hemos de conseguir que las aguas que necesariamente tengan que atravesar el cauce en su tramo final vayan más limpias y más lentas. En cualquier caso, siempre estamos ante un río de régimen típicamente mediterráneo, y, por tanto, de caudales de avenida poco predecibles. Algunas actuaciones hidráulicas en estos arroyos podrían ser de gran ayuda, pero necesariamente unidas a la solución hidrológica.

Una vez resueltas ambas cuestiones, una propuesta ambivalente que podría dotar a dicho espacio de un marcado carácter social y de ocio, y al tiempo garantizar el uso por parte del río ante eventos extremos de ’su cauce’, sin incremento de su vulnerabilidad actual, podría ser la creación de un parque fluvial, en el estricto sentido del término, esto es, parque en tanto que sin los actuales paredones que suponen el encauzamiento se recuperaría la conexión entre ambas márgenes, y fluvial porque mediante un sistema de bombeo y a muy bajo régimen de caudal podría circular el agua desde la presa hasta la desembocadura, con las pertinentes actuaciones hidráulicas, mejorando sensiblemente la calidad ambiental.

Esta puede ser la menos agresiva de todas las posibles, también la menos atractiva para determinados intereses urbanísticos y especulativos urbanos, pero sin duda es respetuosa tanto con los ciudadanos como con el propio río, y completamente financiable, dado que se inscribe en la estrategia comunitaria por parte de las instituciones europeas. Es sólo una propuesta, aunque parece claro que el tema ha dado y, por los diversos intereses que concita, seguirá dando muchas vueltas. En cualquier caso, bienvenidas las ideas imaginativas y la financiación, pero dentro de su marco normativo y conceptual.

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