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Libreta de campo de la primera excursión

Noviembre 12, 2007 · 4 comentarios

Foto01 de la primera excursión al nacimiento del r�o Guadalmedina

Foto: Joel Gomes

Por la mañana la zona de Sierra Camarolos aparecía cubierta. Una boina de nubes cubría los picos más al oeste e incluso a esa hora, parecía que el día podía haber acabado en lluvia. Pero el sol tenia otra cosa pensada y desde primera hora se encargo en la tarea de disipar aquel pasajero aspecto otoñal del paisaje.

Llegamos a los pies de la sierra, donde domina la serie de retamas, jaras, candileras, lavandas y aulagas. En esta zona la perdida de suelo se hace bastante evidente y los efectos del pastoreo abusivo han conformado un paisaje vegetal en el que dominan las especies adaptadas a condiciones extremas de aridez y sequedad. Sólo las bolinas, que conforman tapices densos y redondeados nos dan una idea de que estamos en una zona donde el frío del invierno se deja sentir con fuerza al menos durante una parte importante del año. Aquí los trigueros, lavanderas, cogujadas son la nota predominante. Todas ellas especies de aves adaptadas a espacios abiertos y a zonas donde el la dominancia es del matorral bajo. Un par de tarabillas macho se han acercado al grupo y a los lejos en el aire puedo divisar un nutrido bando de aviones roqueros. Estamos en el termomediterraeno…. Al fondo las bandas de chovas planean por los cortados de la sierra, pero esas “alturas” aun nos quedan lejos.

Conforme ascendemos y nos acercamos al bosque que forman el coscojal y encinar van apareciendo los primeros majuelos, el suelo se empieza a alfombrar con gramíneas que junto con las jaras forman pequeños tapices que sirven de guardería a las coscojas. La vegetación se empeña en volver a ocupar el sitio que le arrebataron, y lo hace lentamente, pero con una tenacidad a prueba de bombas. En esta época del año el suelo debería estar tapizado de verde , sobre todo de geófitos que empiezan su ciclo anual después de las primeras lluvias, pero el agua que ha caído este año ha sido insuficiente para arrancar el letargo de los bulbos y sólo percibimos en el suelo algunos pequeños ejemplares de asfódelos o las largas varas de las cebollas albarranas de cuando en cuando. Estamos en los dominios de las insectívoras: tarabillas por casi cualquier rama, currucas cabecinegras, alguna rabilarga (la escucho cantar pero me resulta imposible saber donde anda) y comienzan a aparecer los primeros colirrojos. Mientras les cuento a mis compañeros de salida campestre cosas sobre coscojas, un cernícalo nos sorprende con sus habilidades y me demuestra una vez mas, que una imagen en el campo, vale mucho más que mil palabras.

Poco a poco el estrato degradado de matorral va desapareciendo y el bosque de encinas empieza a mostrarnos todo su vigor. Estamos a unos 1000 metros de altura y la dominancia ya es absoluta de las quercineas (encinas) y todo su bosquete asociado. Enfrente, Sierra Prieta nos muestra el bosquete de encina, majuelo y quejigo y a los bordes del cauce seco del Guadalmedina empiezan a aparecer los durillos, las hiedras que cuelgan de las heridas de las rocas , la rosa canina y los aladiernos. El suelo tiene una buena capa orgánica y el cambio de altura y orientación de la ladera hacen que la disponibilidad de agua sea mayor, así que se empiezan a generalizar los majuelos y en esta zona el matorral que acompaña al bosque es mas pujante y presenta un verde mas lozano. Sin embargo, sigue habiendo pistas por todo el bosque de la falta de lluvias : hay mucha menor cantidad de plantas como el ombligo de venus, o los candilitos, de ciclo anual que deberían estar tapizando el campo y las rocas y solo aparecen concentradas en lugares muy concretos. Después de la primera pendiente fuerte llegamos a la nava de los pilones. Ante nosotros el inmenso cortado calizo de Camarolos nos da la bienvenida. A la derecha , las condiciones de humedad y orientación crean el hábitat ideal para un bosque húmedo de quercíneas, sobre todo encinas y quejigos que cubren como una manta verde la cara norte de Sierra Prieta. Estamos a unos 1.100 metros y lo que nos encontramos es un bosque mas propio de condiciones del norte de España. El territorio, plegándose y elevándose crea condiciones más propias de otras latitudes, aquí en el sur y la vegetación hace el resto de la puesta en escena de esta simulación de “otros paisajes”. No hemos necesitado ni siquiera una hora de camino para llegar al norte vegetal. Dentro del bosque las hiedras, los durillos, la zarzaparrilla crean un decorado que nos rememora climas tropicales, la humedad llena de musgo y líquenes los troncos de los árboles y el suelo ha adquirido una coloración marrón negruzca que pone de relieve la riqueza orgánica del mismo. También aquí notamos la falta de humedad de este año : hay poco musgo en el suelo , prácticamente ningún helecho (ni de ciclo anual ni de ciclo largo) y los líquenes de los troncos están completamente secos. En esta zona el dominio es de los colirrojos, los petirrojos que llegaron del norte hace meses, las chovas , alguna bisbita pratense en la nava, bandos de bisbitas comunes entre las que veo alguna campestre, muchos mirlos, más de uno capiblanco y zorzales que salen despavoridos al paso de la comitiva (comunes y alirrojos). Eso si, sobre nosotros ya han pasado un nutrido grupo de buitres camino de los muladares de la zona de Campillos y Antequera.

Seguimos caminando y atravesamos el prado de gramíneas de la nava. En esta zona la característica más relevante es la ausencia de arbolado. Eso y que la pradera, que constituye un colchón encharcado de donde el agua se filtra poco a poco al cauce del río, esta completamente seca, tanto que aun siendo noviembre queda una importante cantidad de cardo seco entre los espadones de la hierba. Al final de la nava aparecen los primeros arrendajos que huyen hacia el bosque de quejigos, donde aun están aprovechando las bellotas que quedan en el suelo. Pinzones comunes, reales, mitos, carboneros garrapinos, bisbitas, acentor, colirrojos, petirrojos, zorzales… todo el vallecito esta lleno de pájaros, algunos de los cuales nos siguen para cazar los pequeños saltamontes e insectos que levantamos a nuestro paso. Tiene gracia, a sus ojos, somos casi como ganado o al menos, tenemos el mismo efecto.

Estamos llegando casi a los 1.200 metros y ante nosotros, al final de la nava se nos presenta la subida al cerro. Desde abajo es fácil ver como en torno a los 1.300 metros de altura los árboles desaparecen de golpe. A esa altura las condiciones de frío del invierno son extremas y solo algunos quejigos aislados se resisten a darse por vencidos. Conforme ascendemos la vegetación cambia de forma radical. Las ultimas plantas se refugian en los huecos que horada el agua en la roca caliza, y las que se exponen a la intemperie empiezan a presentar adaptaciones al frío extremo : pelosidades abundantes, hojas gruesas que forman matas compactas, formas redondeadas y almohadilladas para retener el agua y el calor…. estamos en pleno clima alpino. Al llegar a las rocas ya solo el durillo y alguna enredadera escondida en la roca nos recuerda los paisajes vegetales por los que hemos pasado. A 1.400 metros de altura ya hemos recorrido en un par de horas el paisaje vegetal que transiciona desde el clima semi-desertico a las cumbres donde el frío es la principal restricción. Resulta increíble tal cantidad de diversidad en tan poco espacio. Resulta increíble como la vida ha respondido a la diversidad del territorio adaptándose a cada pequeño cambio de las variables de las que depende. Y como esa vida es también capaz de cambiar las condiciones para adaptarlas a sus necesidades. Cuanta emergencia por todos lados.

Volvemos por el prado donde serpea un regato pequeño y seco que un poco mas abajo tendrá nombre y se llamará Guadalmedina (aunque no lleve agua). Me quedo con otras dos observaciones : la falta de agua en el sur este año empieza a ser preocupante, sobre todo porque se añada a otros tres años previos con lluvias escasas. Y el bosque, incluso en zonas que ha resistido hasta ahora bien esa escasez lo esta empezando a notar. Las praderas que almacenan durante el verano el agua del deshielo y la vierten poco a poco al cauce del río, también estan secas y eso no es muy normal. Mientras pienso esto atravieso una mar de colores verdes, amarillos, marrones y rojos que me hacen pensar en el destrozo que podemos llegar a hacer si es cierto que estas condiciones raras son en parte, responsabilidad nuestra. Segunda reflexión : no ha habido ninguna baja. Como la cosa siga así , el nivel de las excursiones con mi amigo José María y alumnos nos va llevar un año al Himalaya…. en fin, todo se andará.

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Crónicas de un río II (ahora sin duda)

Octubre 29, 2007 · Dejar un comentario

Los últimos efectivos migratorios que han venido ocupando el norte de Europa empiezan a llegar al Sur. La vida siempre ha perseguido la abundancia y ante esta regla, simple y clara, no es posible levantar barrera alguna, entre otras muchas cosas porque así ha sido siempre, y pese al empeño que pongamos en romper la lógica, así va a seguir siendo. Cuanto mayor es la diferencia que marcan la abundancia y escasez de recursos entre ecosistemas, mayor será el trasiego de especies entre unos y otros en busca de una oportunidad, y al final, será ese trasiego el elemento dinámico que tienda a reducir las desigualdades. Cualquier metáfora que pretenda desmontar este simple mecanismo, no es mas que eso: una triste metáfora de la incapacidad que parece querer asumir cierta ideología para evitar la realidad, al menos aquella que no comprende.

Durante los últimos días de Octubre, como si se tratase de relojes vivos de precisión, las ciudades y campos del sur se ven invadidos por una marea de Colirrojos Tizones y Aviones Roqueros que son los protagonistas del fin de las migraciones. Unos llegan en tromba, de noche, de forma masiva y sólo avisan de su presencia un amanecer: el del primer día que puedes verlos cazando, peleando y cantando por casi cualquier rincón. Los mismos rincones en los que ayer no había nada. Vienen a aprovechar los espacios que hasta hace unos meses ocupaban las insectívoras veraniegas, de forma que al final, no hay recurso aprovechable que quede sin uso. Cuando unos se van, otros llegan. Como si estuviese programado. Dentro de unos meses, cuando este empezando la primavera, se irán con la misma nocturnidad, simultaneidad y alevosía con la que vinieron. Simpáticos pajaruelos que cada año, con su promesa de vuelta cumplida, nos enseñan una lección tan simple. Los otros, los aviones roqueros, son las únicas golondrinas que pasan el invierno al sur de Europa. Ocupan el hueco que han dejado los aviones comunes, las golondrinas, los vencejos, y vuelan en grupos muy numerosos sobre nuestras cabezas sin que la mayor parte de nosotros podamos percibirlos. A veces pienso que son como una señal de que en estas latitudes, la primavera es un poco eterna….

El sábado y el domingo volvimos a “patear” la cuenca del río, esta vez la zona alta buscando a estos singulares migradores (¿o debería decir inmigrantes?). Recorrimos retazos de un bosque mediterráneo que subsiste entre urbanizaciones atroces que merman los cauces del río y lo desconectan por la imposición del asfalto y del cemento de todos esos paisajes que debieran de darle riqueza, ya que fue el río quien les facilitó ser el bosque maduro que son ahora. La reciprocidad entre lo que cada elemento aporta y recibe es una necesidad que nosotros obviamos cuando “planificamos” el territorio. Así, el efecto de los muros que levantamos se extiende mucho mas allá del limite físico de estos. La devastación que algunas formas de desarrollo impone va mucho mas allá del suelo que machacamos… se extiende como una onda de proporciones descomunales y llega mucho más lejos de lo que somos capaces de abarcar.

Un poco más lejos, ya cerca del nacimiento del río, el cauce va completamente seco. Empieza a caer la tarde y sobre nuestras cabezas sobrevuela una halcón peregrino que se lanza en picado buscando alguna paloma despistada. Al rato, las nubes empiezan a buscar su sitio entre los farallones calizos de la Sierra de Camarolos. Un numerosísimo grupo de Chovas anuncian una tarde que se vuelve sombría y las piernas empiezan a darme una medida de la edad que no me perdona, pero Pablo, naturalista de cinco años, insiste en que hemos ido a buscar el río y hasta él debemos de llegar. Al rato, un par se sapos nos salen al paso. Pablo da un de grito de alegría, coge uno de ellos, y con una enorme sonrisa dibujada en la cara me dice : “ ya hemos llegado al río”…. por un momento pienso en ingenieros, en los expertos, en los comités de sabios y en las metáforas. Y sobre todo en ese viejo cuento del traje del emperador… quizás a veces las cosas son más simples que cualquier segun que sesudo debate… de esos de grano grueso

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Crónica desde un río (aparentemente…)

Octubre 22, 2007 · Dejar un comentario

El sábado decidió ponerse en marcha como uno de esos días en los que no sabes si llevar al campo el paraguas y las botas o el abanico. Aun así, y sabiendo que los vientos seguían trayendo aves del norte , decidimos tirar de prismáticos y remontar el cauce del Guadalmedina a ver como se daba la cosa, y sobre todo, a ver si a base de patearnos la realidad conseguíamos saber qué diablos es esa cosa que parte desde la Sierra de Camarolos y llega hasta la ciudad y que así, en bruto, tiene toda la pinta de ser un río….

A lo largo de ese cauce y pasando por debajo de la autovía que llega hasta Málaga, el río serpea sin agua apenas en todo el recorrido, conforme partimos de zonas mas cercanas a la ciudad , toda la vegetación lateral del mismo parece haber desaparecido hace muchos años, y es bastante frecuente encontrar huertas e incluso casas que ocupan el cauce. En esta zona éste parece más un basurero o vertedero que ninguna otra cosa. Pero conforme avanzamos un poco, y a la media hora de camino, entre el ensordecedor ruido del trafico que nos pasa por encima empezamos a encontrar las primeras pistas de vida: en algunas zonas aparecen charcas en las que es posible localizar algún Andarrios despistado, también vemos los primeros Petirrojos que ya están llegando en cantidad desde sus cuarteles del norte de Europa, Cernícalos que cazan en los claros y las zonas cercanas a estas pozas, Carboneros que bajan desde las laderas que conservan retazos de Encinas y monte bajo que en su día cubrieron las laderas de los montes de Málaga, Agateadores que ejecutan la curiosa acrobacia de mirarnos cabeza abajo, restos de la ultima comida de alguna rapaz nocturna, quizás una Lechuza por el color y tamaño de los mismos, una ocasional Águila Calzada buscando comida fácil y seguro un lugar donde pasar este invierno tan suave sin la necesidad de llegar hasta África, nutridos grupos de Pinzones que empiezan a formar los bandos en los que pasaran el Otoño e Invierno, una Garza Real que parecía venir desde lo alto del cauce y se dirigía hacia el sur, Lavanderas aves de ambientes ribereños que andaban por el cauce buscando insectos desprevenidos, algún ruiseñor en las zonas donde el bosque que acompaña al río aun conserva parte del porte y la densidad que debió de tener antaño, Roqueros , Estorninos, alguna Golondrina tardía, Aviones Roqueros (los primeros de la temporada) y en una charca ya cerca de Casabermeja un grupo, supongo cansado y despistado de Correlimos que hacían un alto en su viaje hacia la costa…

Volvemos al coche cansados, y aturdidos ante la tarea de tener que contarle, supongo que con la ayuda de algún psicoanalista (o un ingeniero, que para el caso tanto da), a tanto y tanto animal “irracional” que eso que usan como pasillo para ir de un lado a otro, o como hábitat, no es un río, y que ellos no son aves, y que los peces, bueno, eso mejor ni lo imagino…

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