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Lo que el Guadalmedina ES

Enero 15, 2008 · Dejar un comentario

Artículo publicado en el periódico “Málaga Hoy” por Juan Antonio Gómez (aka Ornitólogus Expertis).

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Categorías: Guadalmedina · opinión
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Guadalmedina: río de la ciudad

Noviembre 27, 2007 · Dejar un comentario

Guadalmedina: río de la ciudad, POR JOSÉ DAMIÁN RUIZ SINOGA.

Artículo publicado en el Sur Digital, aquí.

POCOS como los malagueños para saber que la consabida frase «los ríos tienen sus escrituras debajo del brazo» es más real que el mismísimo Guadalmedina. Y por eso no es menos cierto que desde hace tiempo están buscándole soluciones al río, como si fuese él quien atenta contra la paz y sosiego de la vida cotidiana; precisamente el río de la ciudad. Como si los ocasionales desbordamientos de antaño o su cotidiana raquítica presencia en la ciudad obligasen a tomar decisiones políticas excluyentes, dado que, en definitiva, parece que en esta Málaga cosmopolita el Guadalmedina ya no cabe.

Según dicen algunos, pareciera que hablan de un tubo que lleva agua de vez en cuando, y dado que se trata de un caudal ocasional, esporádico, y para colmo de males, ocupa un espacio en el centro de la ciudad, por tanto espacio urbano, pues realizan una traslación social y lo convierten en «el río que divide la ciudad». De la misma manera que el Segura divide a Murcia, el Ebro a Zaragoza, el Sena a París, o el mismísimo Guadalquivir a Sevilla, y nos resulta bastante difícil imaginar la posibilidad de borrar estos ríos de sus cauces actuales, y digo sus cauces, porque todos ellos pasaban por allí antes de que fuesen colonizados por las diferentes expansiones urbanas. Nos referimos a un río, es decir, una masa de agua continental con un caudal más o menos continuo que fluye en su mayor parte sobre la superficie del suelo, pero que puede fluir bajo tierra en parte de su curso.

Nuevamente, un planteamiento recurrente, como las riadas, vuelve a tomar fuerza en la idea de actuar sobre el Guadalmedina. Políticos, gestores del territorio y medios de comunicación confluyen en la necesidad de actuar ya para que el Guadalmedina deje de convertirse, según algunos, en «la cicatriz» de Málaga. Es un problema urbanístico, social, territorial, ambiental, hidrológico e hidráulico, y obviamente a todos ellos hay que buscarle solución, pero salvaguardando estos dos últimos.

En esencia, se trata de actuar desde el punto de vista hidráulico en el cauce de un río, y justo en el tramo final, cuyo comportamiento dependerá de todo el sistema hidrológico que hay aguas arriba, de las características fisiográficas de la cuenca vertiente, así como de la pluviometría de la zona de afección. Es decir, un ecosistema fluvial, en el que dadas sus características pluviométricas -esporádicas, intensas y de corta duración- tiene un comportamiento hidrológico de respuesta inmediata a las precipitaciones que superan la capacidad de retención por parte de la vegetación y los suelos. En nuestro caso, y dado que está regulada gran parte de la cuenca por la presa de El Limonero, habría que incluir las aportaciones que suponen los posibles desagües de la misma. El origen del problema es hidrológico, la consecuencia es hidráulica y la percepción y el valor añadido son sociales y urbanísticos, y difícilmente pueden abordarse estos últimos sin previamente resolver los dos primeros. Todo ello, considerando que debe cumplirse, porque es preceptivo, la normativa derivada de la Directiva Marco del Agua, puesto que el cauce y las aguas subterráneas no son elementos ajenos al sistema hidrológico. Así pues, ojo con las alegrías y las propuestas de diseño de gabinete, porque el marco conceptual y normativo las pueden convertir en papel mojado a la primera de cambio, no sólo por el organismo de gestión de la cuenca, sino por la propia Unión Europea, a la que probablemente habrá que solicitarle fondos para la ejecución del proyecto final.

Quizá el tema no sea resolver «la ruptura urbana», la «cicatriz», o el río que «divide» mediante propuestas basadas en el cemento o asfalto, y bastante poco sostenibles, por cierto, sino en recuperar un ecosistema fluvial, degradado por el hombre, y convertir ese espacio en centro de referencia en vez de frontera. Pero para eso habrán de resolverse las cuestiones hidráulicas e hidrológicas.

Dado que el origen es hidrológico, su área de afección es toda la cuenca, y es necesario la realización de actuaciones hidrológicas que conduzcan a que el agua que llegue a la presa de El Limonero mejore sus características actuales en tiempo y forma, es decir, que tras un intenso evento pluviométrico en la cuenca circule más lenta, menos agresiva, con menor energía, en definitiva, con menor potencial erosivo, y más limpia, o sea, con menos aportes sólidos, que no son sino el resultado de la progresiva degradación de los suelos y la aparición de procesos de desertificación. Por cierto, un síndrome más del tan cacareado calentamiento global. La única receta válida para esto es la restauración hidrológico-forestal.

Dado que las consecuencias son hidráulicas, es necesario actuar con soluciones basadas en la hidráulica, ya sea en cauces naturales o artificiales. Siendo evidente que la construcción de la presa de El Limonero ha supuesto un importante control del riesgo de avenidas, no es menos cierto que tras su inauguración se ha vuelto a ver en determinadas circunstancias al río en su tramo urbano ‘de banda a banda’, con su caudal de avenida, básicamente porque han coincidido en el tiempo la necesidad de desaguar la presa y los aportes de los arroyos existentes aguas debajo de la misma, con una importante carga de aportes sólidos, es decir, de tierra. Volvemos a la cuestión hidrológica, puesto que hemos de conseguir que las aguas que necesariamente tengan que atravesar el cauce en su tramo final vayan más limpias y más lentas. En cualquier caso, siempre estamos ante un río de régimen típicamente mediterráneo, y, por tanto, de caudales de avenida poco predecibles. Algunas actuaciones hidráulicas en estos arroyos podrían ser de gran ayuda, pero necesariamente unidas a la solución hidrológica.

Una vez resueltas ambas cuestiones, una propuesta ambivalente que podría dotar a dicho espacio de un marcado carácter social y de ocio, y al tiempo garantizar el uso por parte del río ante eventos extremos de ’su cauce’, sin incremento de su vulnerabilidad actual, podría ser la creación de un parque fluvial, en el estricto sentido del término, esto es, parque en tanto que sin los actuales paredones que suponen el encauzamiento se recuperaría la conexión entre ambas márgenes, y fluvial porque mediante un sistema de bombeo y a muy bajo régimen de caudal podría circular el agua desde la presa hasta la desembocadura, con las pertinentes actuaciones hidráulicas, mejorando sensiblemente la calidad ambiental.

Esta puede ser la menos agresiva de todas las posibles, también la menos atractiva para determinados intereses urbanísticos y especulativos urbanos, pero sin duda es respetuosa tanto con los ciudadanos como con el propio río, y completamente financiable, dado que se inscribe en la estrategia comunitaria por parte de las instituciones europeas. Es sólo una propuesta, aunque parece claro que el tema ha dado y, por los diversos intereses que concita, seguirá dando muchas vueltas. En cualquier caso, bienvenidas las ideas imaginativas y la financiación, pero dentro de su marco normativo y conceptual.

Categorías: Guadalmedina · opinión
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Ciudad incubadora de diversidad + ¿arquitectos = prótesis de un río?

Noviembre 8, 2007 · Dejar un comentario

Este es un artículo de Andrés Jaque publicado junto a otros dos en El País.com, como una serie de reflexiones sobre la ciudad de Madrid.

Me parece bastante sugerente para pensar cómo multiplicar la diversidad de la ciudad en ciertos lugares especiales, como por ejemplo el paso del río, ya que los ríos además hacen precisamente eso (incubar gran cantidad de biodiversidad) a lo largo de todo su recorrido.

¿Podemos actúar los arquitectos y demás planeadores de la ciudad como una condición prostética del RÍO, ayudándole a seguir con su devastadora biodiversidad, esta vez incluyendo en los ecosistemas y en sus conexiones nuevos estratos humanos y tecnológicos a su paso por la urbe? (…)

Proponemos una ciudad parlamento, incubadora de las diferencias y de garantías de ciudadanía y conservación del patrimonio medioambiental (humano y no humano). Las urbes democráticas y resilientes tendrían cuatro principios:

1. Incubadora de diversidad.

Si durante el siglo XX se pensó que la ciudad era el punto de origen de los problemas medioambientales, ahora nos damos cuenta de que puede llegar a convertirse en una incubadora de diversidad: Por su capacidad para acumular agua reutilizada (por ejemplo acumular 200 litros de agua de ducha por persona y día). Su capacidad para producir materia orgánica (al menos 300 gramos de residuos orgánicos por persona y día). La posibilidad de convertir las superficies construidas en áreas de cultivo y de producción de energías alternativas. La capacidad de acumular gran número de personas informadas dispuestas a instalar en el día a día preocupaciones públicas de respeto a las minorías y vigilancia del medioambiente.

La ciudad puede ser una máquina para generar condiciones higrotérmicas propicias para incrementar la variedad de especies vegetales, insectos y animales asociados. También para crear condiciones de interacción que permita crear convivencias multiculturales, que generen ciudadanos habituados a gestionar y convivir con la controversia y la transculturalidad.

2. Ciudad concentrada, en una red de nodos ecológicos.

El crecimiento tendría que ser densificante, construido sobre lo existente. Que en lugar de ocupar el suelo, agotando recursos de difícil recuperación, minimice los recursos energéticos destinados al transporte de personas y mercancías. Una ciudad integrada en una red de ciudades nodo de tamaño medio (entre 1 y 2 millones de habitantes) que se conviertan en vigilantes ecológicos e incubadoras de la biodiversidad de los territorios entre ellas.

3. El espacio público, punto de paso obligado.

Proponemos una ciudad densa en interacciones. Con espacios públicos equipados. Que garanticen la redistribución social de las herramientas culturales, deportivas, sanitarias y lúdicas. Un espacio público con capacidad para convertirse en punto de paso obligado del día a día de los individuos y grupos que forman la ciudad. Y un espacio público dotado de corredores inaccesibles a humanos, que conviertan a la ciudad en recorrido de las comunidades animales.

4. Elevación del rango tecnológico, operarios con oportunidades de formación.

Pensar la ciudad no es sólo pensar en los que la utilizan, también son ciudadanos quienes trabajan construyéndola. Hay que elevar el rango tecnológico de la edificación madrileña con una construcción ligera e industrializada, que mejore las condiciones de seguridad en el trabajo y reduzca los accidentes. Una construcción que inserte a los trabajadores de la construcción en programas de formación continua y que erradique la subcontratación de la subcontratación y las horas extras.

Andrés Jaque en ElPais.com vía Maria.

Categorías: Actividades emergentes · Ecosistemas · Metodologías
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Cuatro tópicos por desmontar sobre el Guadalmedina

Octubre 25, 2007 · 6 comentarios

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1 -> EL GUADALMEDINA ES UN RÍO.

ESTAMOS en la provincia de Málaga ante un escenario típicamente de clima mediterráneo y en una orografía de fuertes pendientes, que dan a la mayor parte de los sistemas fluviales de Málaga su peculiar comportamiento.

HAY que comenzar, aunque parezca muy básico, rebatiendo esa desafortunada definición de río, que se hizo popular en los viejos libros escolares, como “corriente continua de agua”, visión estática absolutamente falsa. Nada más lejos de la realidad: un río es mucho más complejo que una simple corriente de agua, y por otra parte esa corriente nunca es continua, ya que presenta un claro dinamismo en el espacio y en el tiempo, fluctúa, sufre crecidas y estiajes, y puede dejar de llevar agua durante periodos prolongados de tiempo sin que por ello deje de ser ese sistema que llamamos río”. (Ollero, 2007).

A esta mala visión escolar también ha contribuido la definición del diccionario de la Real Academia que sigue manteniendo en la entrada de río la acepción de “corriente continua de agua”. Y otros diccionarios tan prestigiosos como el de María Moliner y el Seco mantienen esta acepción trasnochada, por lo que no podemos culpar al común de que la vaya repitiendo. Esta interiorización tópica explica que el argumento cale en los oyentes. Para explicar lo que las modernas ciencias fluviales dicen de los ríos, seguimos con el profesor Ollero, geógrafo, especialista en territorio fluvial. Se expresa así:

LOS ríos son sistemas naturales enormemente dinámicos y complejos. Su principal función es el transporte de agua, sedimentos y nutrientes, pero además conforman espacios lineales de gran valor ecológico, paisajístico y territorial, auténticos corredores que enlazan montañas y tierras bajas. Por lo tanto la red fluvial -los ríos o sistemas fluviales- constituye un elemento clave en la dinámica ambiental y en la planificación territorial”. Y más adelante, para salir de toda posible duda, aclara:

EXISTE, entonces, un sistema fluvial general, con mayúsculas, como mecanismo global, pero cada cárcava, cada arroyo, cada barranco, cada rambla, cada río, cada uno de sus tramos, toda una red de drenaje, toda una cuenca hidrográfica, con sus vertientes y sus cauces, todo ello son sistemas fluviales. Son muy variados en sus dimensiones y caracteres, aunque coinciden en lo fundamental: en todos el agua -más o menos abundante, permanente, discontinua o esporádica- se moviliza a favor de la pendiente, en todos ellos hay procesos geomorfológicos de erosión, transporte y sedimentación, en todos ellos hay vida -y también intereses socioeconómicos- porque hay agua”.

POR tanto hoy más que hablar de ríos hablamos de sistemas fluviales, que son complejos mecanismos hidrológicos, geomorfológicos y ecológicos de movilización superficial de las aguas continentales, en el sentido de la pendiente, que transportan materiales que contienen sedimentos y nutrientes. Como se podrá adivinar éste es el caso del Guadalmedina, del que se puede predicar que es un sistema fluvial tal como ha sido definido, o que es un río si el término nos resulta más familiar. Ambos términos son sinónimos.

EL texto refundido de la ley de Aguas (Real Decreto 1/2001, de 20 de julio) se aproxima más a la nueva concepción de sistemas fluviales que los diccionarios mencionados. Así, en su artículo 2, dice literalmente: constituyen el dominio público hidráulico del Estado: b. Los cauces de corrientes naturales, continuas o discontinuas. Y en el mismo sentido, la Directiva Marco de Aguas 2000/60/CE, en el artículo 2, 4 se lee: “río”: una masa de agua continental que fluye en su mayor parte sobre la superficie del suelo, pero que puede fluir bajo tierra en parte de su curso.

EL Guadalmedina pasa, también, la prueba de la legalidad.

LA tesis de María Elena Martín-Vivaldi titulada Estudio hidrográfico de la “Cuenca Sur de España”, de 1991, nos proporciona la siguiente radiografía hidrológica del río, tomando como base los datos de aforo establecido en el pantano del Agujero (a seis kilómetros de la desembocadura), y que abarcan un periodo que va desde el año hidrológico 1912-13 hasta el 1975-76: “Caudal medio anual o módulo del río Guadalmedina: 0.95 m3 /s” lo que suponen una aportación anual media de 30 hm3. “El año más caudaloso fue el de 1939-40 con 5.1 m3 /s de media” lo que supuso una aportación anual de 158 hm3

SIGUIENDO los resultados de esta tesis se puede comprobar que de los veintidós ríos estudiados de la Cuenca, pertenecientes a la provincia de Málaga, el Guadalmedina ocupa el sétimo lugar en cuanto a módulo o caudal medio de las series estudiadas. La autora concluye el estudio de este río diciendo que: los coeficientes de caudal ponen de manifiesto un tipo de régimen subtropical mediterráneo con máximo invernal (enero 2.8) y un largo y acusado estiaje. A partir del mes de septiembre aparece una ligera escorrentía que va aumentando durante el otoño, alcanzando su máximo en invierno. Las aguas altas duran aún en los primeros meses primaverales para, a partir de mayo, comenzar un rápido descenso que deja sin agua al Guadalmedina en los meses de julio y agosto.

Y este régimen se da cuando aún están pendientes de reforestación unas 8.000 hectáreas desde hace más de setenta y cinco años cuando se inició la repoblación de la vertiente izquierda del río. El río Guadalmedina lleva agua, materiales, sedimentos y nutrientes.

2 -> EL RÍO LLEVABA AGUA PERMANENTE ANTES DE LA CONQUISTA DE LOS RR. CC.

ACUDIENDO a la autoridad de José Ángel Carrera, ingeniero forestal muy vinculado a los Montes de Málaga, podemos conocer que “de este río, que desde los tiempos más remotos hasta hace pocos años después de la reconquista fue un venero de riqueza y bienestar para Málaga y de cuyas aguas, por entonces permanentes durante todas las épocas del año, se sirvieron sus vecinos para atender todas sus necesidades” (Carrera, 1997).

JOAQUÍN M. Díaz de Escobar, cronista de la ciudad en el pasado siglo, en sus Estudios malagueños: sobre el Guadalmedina confirma: “Todavía tres años después de la Reconquista conservaba el río permanencia de sus aguas y de ellas se abastecía el pueblo, según se acredita de un acuerdo tomado por los primeros Regidores de su Cabildo, que en 1490 mandan que ningún ganado turbe las aguas del Guadalmedina, porque usan de ellas los vecinos y era necesario que se mantuviesen puras, acuerdo que posteriormente se ve confirmado por otro, en el que se conmina con grandes penas a los que diesen agua en el río al ganado de cerda. Fue a la entrada del siglo XVI cuando se produjo la transformación y de manso y tranquilo río hubo de tornar en convertirse en torrente devastador”.

EN el mismo sentido se pronuncia la Academia Malagueña de Ciencias en unas jornadas celebradas en junio del 2000. Entre las conclusiones de las mismas se hace la siguiente consideración:

A partir del primer cuarto del Siglo XVI se rompe el equilibrio de la ciudad de Málaga con su río (el Guadalmedina, ‘el río de la ciudad’), de caudal permanente, que venía coadyuvando a abastecer de agua a vecinos y ganado”. Resulta enternecedora esa imagen que se desprende del texto anterior al sugerir ese estrechamiento maternal de Málaga con su río que -se reitera en el nombre- le pertenece; pero ¿quién pertenece a quién?

3 -> MANTENER LA METÁFORA DE ‘LA HERIDA’ ES CONDENAR DE ANTEMANO A LA DESAPARICIÓN DEL RÍO DE LA CIUDAD

PODRÍAMOS adelantar que si algo en la actual ciudad es herida son la mayor parte de las avenidas, como la de la Alameda en toda su extensión, amuralladas con el flujo continuo de coches que hacen difícil, peligrosa y poco saludable atravesarlas a píe. El río puede tranquilamente cruzarse a píe, en bici o en autobús, sin peligro y sin solución de continuidad. Si nos ponemos metafóricos, diríamos que toda la ciudad está crucificada de automóviles. El río ni es disuasorio, ni peligroso ni engorroso atravesarlo, la Alameda sí… y además con el monigote del semáforo que corre más que “el tío los mixtos” marcándote la cuenta atrás del tiempo de seguridad que se te concede, bajo pena de ser ejecutado en el propio asfalto. La pregunta pertinente sería ¿cuántos ciudadanos/as han sido atropellados en los puentes y cuántos en las avenidas, en términos relativos?

COMO bien dijo un perchelero durante un programa televisivo donde se repitieron varios de estos tópicos que estamos desmontando: “no me toquen el río, por favor, que es una de las pocas señas de identidad que quedan de esta Málaga, destructiva de su memoria”, y remató la argumentación con la sabiduría del común preguntándose “¿cómo podemos imaginarnos al Cautivo sin que pase por el puente?”

EL río es un símbolo. La ciudad existe por el río. A sus orillas, o cercano a ellas, la han estado habitando todos sus pobladores, desde la noche de los tiempos. Es el hito fundacional, tal como era: un cauce permeable con su territorio fluvial conexo, hoy bastante deteriorado. Volver lo más cerca posible de su estado original es recuperar señas de identidad, tan necesarias en una ciudad a la que su burguesía dice amar pero que la ha dejado abandonada reiteradamente, por mor del beneficio económico.

¿POR QUÉ el río Guadalmedina es fundador de la ciudad?

TRANSCRIBO: “estas primeras colonias (fenicias) solían situarse en pequeñas islas cerca de las costas y sobre todo en la desembocadura de los ríos… sus pobladores utilizaban las escorrentías para abastecerse de agua e incluso como sistema de excreta” (Cabrera, 1999). Más adelante, citando a la profesora Aubert, se dice: “El reciente descubrimiento de un poblado indígena en el Bronce final en la misma desembocadura del Guadalmedina no hace más que confirmar una estrategia colonial fenicia que sugiere no sólo la existencia de acuerdos con los jefes indígenas de la zona, sino la intrusión del comercio fenicio en las mismas estructuras organizativas de las comunidades indígenas”. No sólo los fenicios, sino los pobladores anteriores andaban cerca del río, lo que no deja de ser lógico pues de allí sacaban el agua necesaria e insustituible y el rudo saneamiento primitivo.

AHORA ya podemos contestar quién pertenece a quién: la ciudad es la que pertenece al río.

Guadalmedina podría traducirse más justamente como “la ciudad del río”.

ME uno a la demanda de sentido común del perchelero, ¿cómo vamos a amputarnos lo más prístino de nuestras señas de identidad? ¿no habrá que hacer como con los demás entes patrimoniales perdidos que nos aprestamos a recuperar, rehabilitar y conservar?


4 -> LA TÉCNICA SÓLO RESUELVE ALGUNAS COSAS; OTRAS ESTÁN POR ENCIMA DE LOS DESEOS Y CAPACIDADES HUMANAS

ES habitual encontrar a los profesionales de la ingeniería muy poseídos de sus poderes. El siglo XX ha sido el suyo: caminos, canales y puertos a destajo. Y sigue la fiesta con el AVE, las autopistas y las ampliaciones de puertos y aeropuertos. Como dato curioso, una vez cumplido el PEIT (plan de infraestructuras nacional) tendremos más autopistas en términos relativos que cualquier país europeo y ¡también en términos absolutos! Como ya somos el primer país del mundo en número de presas por habitante y superficie. Y de todo, como nuevos ricos, pedimos más cada día. El cambio climático no va con nosotros.

IGUALMENTE, muchos profesionales de la historia creen aún en el progreso. Esa manera de pensar que asigna automáticamente a los tiempos presentes mejores notas que a todos los pasados: todo tiempo pasado fue peor. Ahora con lo que sabemos y con el poder técnico que atesoramos o todo se puede hacer o se podrá en el futuro, piensan ellos. Del progresismo histórico, con Juan de Mairena, doble de Machado, recordamos que las cosas, con el tiempo, pueden empeorar. Y que el siglo XX ha sido unos de esos periodos de degradación moral y regresidad de más calado de toda la historia de la Humanidad: ha sido el siglo más mortífero de todos los conocidos.

DEL poder prometéico de la técnica, sencillamente decimos, con toda la modestia que nuestra limitada condición humana nos confiere, que no todo se puede hacer. Además, que en muchos casos ni se debe aunque se pueda.

EL argumento para sostener esta afirmación, que contradice el carácter demiurgo de las posiciones ‘tecnoentusiatas’, es bien simple: no es posible sustituir a la biosfera en sus 3.500 millones de años de experiencia. Es decir, esa cantidad de tiempo construyendo una red inconsútil de interrelaciones, de retroalimentaciones, de fractales, de atractores, de coevolución, de simbiosis, de autopoiesis, de condiciones fuera del equilibrio, de emergentismo… casi todo lo que funciona y permanece es por biomímesis (por imitación de la naturaleza, o contando con sus leyes). ¿Quién dijo que la noosfera y la sociosfera pueden sustraerse de la biosfera? Como seres vivos (primates sapiens) estamos enredados en esta red inconsútil complejísima, de la que hasta ahora lo más sensato que hemos desvelado ha sido nuestra finitud, la provisionalidad de todos nuestros saberes y nuestra pertenencia sin solución a la biosfera.

LA técnica es muy capaz para destruir ecosistemas pero está imposibilitada para crearlos, lo más que puede hacer es protegerlos y acelerar algunos procesos.

ESTA incapacidad, aplicada a los ríos y a su restauración, se concreta en dos principios en los que ya muchos autores están de acuerdo. De un lado, el piensa global y actúa local, es decir la necesidad de llegar a soluciones globales que tengan en cuenta la unidad el sistema fluvial pero a partir de actuaciones concretas, locales. De otro, que la mejor forma de restauración es dejar que sea el río el que vuelva a crear y destruir, el que pueda volver a buscar su equilibrio dinámico perpetuo, el que sea capaz de reformarse así mismo, para lo cual la única actuación técnica que cabe es la de eliminar todas las cortapisas e impactos que impedían esa libertad.

POR todas estas razones rechazamos de plano toda intervención grandiosa, compleja y que violente aún más al río de lo que lo está. Rechazamos cualquier cosa que se parezca a un embovedado y al desprecio simbólico que se inflige con esa propuesta.

¿NO será la hora de aplicar la sabia frase de Einstein, que cuelga ostentosamente de la fachada del Teatro Cervantes, que nos recuerda que sólo los tontos piensan soluciones más grandes, complejas y violentas y que el genio y el valor están, precisamente, en las soluciones contrarias, es decir en las pequeñas, sencillas y no violentas? ¿Qué más no es mejor?

Artículo escrito por Francisco Puche y publicado en la Revista digital “El Observador”: enlace.


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**Ideas vertidas al Guadalmedina**

**Un ejemplo para el Guadalmedina: en Seúl han derribado una autopista de seis pistas y dos niveles para recuperar el río Cheonggyecheon, que se ha convertido en el espacio de ocio preferido por los ciudadanos **

 

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