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Cuatro tópicos por desmontar sobre el Guadalmedina

Octubre 25, 2007 · 6 comentarios

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1 -> EL GUADALMEDINA ES UN RÍO.

ESTAMOS en la provincia de Málaga ante un escenario típicamente de clima mediterráneo y en una orografía de fuertes pendientes, que dan a la mayor parte de los sistemas fluviales de Málaga su peculiar comportamiento.

HAY que comenzar, aunque parezca muy básico, rebatiendo esa desafortunada definición de río, que se hizo popular en los viejos libros escolares, como “corriente continua de agua”, visión estática absolutamente falsa. Nada más lejos de la realidad: un río es mucho más complejo que una simple corriente de agua, y por otra parte esa corriente nunca es continua, ya que presenta un claro dinamismo en el espacio y en el tiempo, fluctúa, sufre crecidas y estiajes, y puede dejar de llevar agua durante periodos prolongados de tiempo sin que por ello deje de ser ese sistema que llamamos río”. (Ollero, 2007).

A esta mala visión escolar también ha contribuido la definición del diccionario de la Real Academia que sigue manteniendo en la entrada de río la acepción de “corriente continua de agua”. Y otros diccionarios tan prestigiosos como el de María Moliner y el Seco mantienen esta acepción trasnochada, por lo que no podemos culpar al común de que la vaya repitiendo. Esta interiorización tópica explica que el argumento cale en los oyentes. Para explicar lo que las modernas ciencias fluviales dicen de los ríos, seguimos con el profesor Ollero, geógrafo, especialista en territorio fluvial. Se expresa así:

LOS ríos son sistemas naturales enormemente dinámicos y complejos. Su principal función es el transporte de agua, sedimentos y nutrientes, pero además conforman espacios lineales de gran valor ecológico, paisajístico y territorial, auténticos corredores que enlazan montañas y tierras bajas. Por lo tanto la red fluvial -los ríos o sistemas fluviales- constituye un elemento clave en la dinámica ambiental y en la planificación territorial”. Y más adelante, para salir de toda posible duda, aclara:

EXISTE, entonces, un sistema fluvial general, con mayúsculas, como mecanismo global, pero cada cárcava, cada arroyo, cada barranco, cada rambla, cada río, cada uno de sus tramos, toda una red de drenaje, toda una cuenca hidrográfica, con sus vertientes y sus cauces, todo ello son sistemas fluviales. Son muy variados en sus dimensiones y caracteres, aunque coinciden en lo fundamental: en todos el agua -más o menos abundante, permanente, discontinua o esporádica- se moviliza a favor de la pendiente, en todos ellos hay procesos geomorfológicos de erosión, transporte y sedimentación, en todos ellos hay vida -y también intereses socioeconómicos- porque hay agua”.

POR tanto hoy más que hablar de ríos hablamos de sistemas fluviales, que son complejos mecanismos hidrológicos, geomorfológicos y ecológicos de movilización superficial de las aguas continentales, en el sentido de la pendiente, que transportan materiales que contienen sedimentos y nutrientes. Como se podrá adivinar éste es el caso del Guadalmedina, del que se puede predicar que es un sistema fluvial tal como ha sido definido, o que es un río si el término nos resulta más familiar. Ambos términos son sinónimos.

EL texto refundido de la ley de Aguas (Real Decreto 1/2001, de 20 de julio) se aproxima más a la nueva concepción de sistemas fluviales que los diccionarios mencionados. Así, en su artículo 2, dice literalmente: constituyen el dominio público hidráulico del Estado: b. Los cauces de corrientes naturales, continuas o discontinuas. Y en el mismo sentido, la Directiva Marco de Aguas 2000/60/CE, en el artículo 2, 4 se lee: “río”: una masa de agua continental que fluye en su mayor parte sobre la superficie del suelo, pero que puede fluir bajo tierra en parte de su curso.

EL Guadalmedina pasa, también, la prueba de la legalidad.

LA tesis de María Elena Martín-Vivaldi titulada Estudio hidrográfico de la “Cuenca Sur de España”, de 1991, nos proporciona la siguiente radiografía hidrológica del río, tomando como base los datos de aforo establecido en el pantano del Agujero (a seis kilómetros de la desembocadura), y que abarcan un periodo que va desde el año hidrológico 1912-13 hasta el 1975-76: “Caudal medio anual o módulo del río Guadalmedina: 0.95 m3 /s” lo que suponen una aportación anual media de 30 hm3. “El año más caudaloso fue el de 1939-40 con 5.1 m3 /s de media” lo que supuso una aportación anual de 158 hm3

SIGUIENDO los resultados de esta tesis se puede comprobar que de los veintidós ríos estudiados de la Cuenca, pertenecientes a la provincia de Málaga, el Guadalmedina ocupa el sétimo lugar en cuanto a módulo o caudal medio de las series estudiadas. La autora concluye el estudio de este río diciendo que: los coeficientes de caudal ponen de manifiesto un tipo de régimen subtropical mediterráneo con máximo invernal (enero 2.8) y un largo y acusado estiaje. A partir del mes de septiembre aparece una ligera escorrentía que va aumentando durante el otoño, alcanzando su máximo en invierno. Las aguas altas duran aún en los primeros meses primaverales para, a partir de mayo, comenzar un rápido descenso que deja sin agua al Guadalmedina en los meses de julio y agosto.

Y este régimen se da cuando aún están pendientes de reforestación unas 8.000 hectáreas desde hace más de setenta y cinco años cuando se inició la repoblación de la vertiente izquierda del río. El río Guadalmedina lleva agua, materiales, sedimentos y nutrientes.

2 -> EL RÍO LLEVABA AGUA PERMANENTE ANTES DE LA CONQUISTA DE LOS RR. CC.

ACUDIENDO a la autoridad de José Ángel Carrera, ingeniero forestal muy vinculado a los Montes de Málaga, podemos conocer que “de este río, que desde los tiempos más remotos hasta hace pocos años después de la reconquista fue un venero de riqueza y bienestar para Málaga y de cuyas aguas, por entonces permanentes durante todas las épocas del año, se sirvieron sus vecinos para atender todas sus necesidades” (Carrera, 1997).

JOAQUÍN M. Díaz de Escobar, cronista de la ciudad en el pasado siglo, en sus Estudios malagueños: sobre el Guadalmedina confirma: “Todavía tres años después de la Reconquista conservaba el río permanencia de sus aguas y de ellas se abastecía el pueblo, según se acredita de un acuerdo tomado por los primeros Regidores de su Cabildo, que en 1490 mandan que ningún ganado turbe las aguas del Guadalmedina, porque usan de ellas los vecinos y era necesario que se mantuviesen puras, acuerdo que posteriormente se ve confirmado por otro, en el que se conmina con grandes penas a los que diesen agua en el río al ganado de cerda. Fue a la entrada del siglo XVI cuando se produjo la transformación y de manso y tranquilo río hubo de tornar en convertirse en torrente devastador”.

EN el mismo sentido se pronuncia la Academia Malagueña de Ciencias en unas jornadas celebradas en junio del 2000. Entre las conclusiones de las mismas se hace la siguiente consideración:

A partir del primer cuarto del Siglo XVI se rompe el equilibrio de la ciudad de Málaga con su río (el Guadalmedina, ‘el río de la ciudad’), de caudal permanente, que venía coadyuvando a abastecer de agua a vecinos y ganado”. Resulta enternecedora esa imagen que se desprende del texto anterior al sugerir ese estrechamiento maternal de Málaga con su río que -se reitera en el nombre- le pertenece; pero ¿quién pertenece a quién?

3 -> MANTENER LA METÁFORA DE ‘LA HERIDA’ ES CONDENAR DE ANTEMANO A LA DESAPARICIÓN DEL RÍO DE LA CIUDAD

PODRÍAMOS adelantar que si algo en la actual ciudad es herida son la mayor parte de las avenidas, como la de la Alameda en toda su extensión, amuralladas con el flujo continuo de coches que hacen difícil, peligrosa y poco saludable atravesarlas a píe. El río puede tranquilamente cruzarse a píe, en bici o en autobús, sin peligro y sin solución de continuidad. Si nos ponemos metafóricos, diríamos que toda la ciudad está crucificada de automóviles. El río ni es disuasorio, ni peligroso ni engorroso atravesarlo, la Alameda sí… y además con el monigote del semáforo que corre más que “el tío los mixtos” marcándote la cuenta atrás del tiempo de seguridad que se te concede, bajo pena de ser ejecutado en el propio asfalto. La pregunta pertinente sería ¿cuántos ciudadanos/as han sido atropellados en los puentes y cuántos en las avenidas, en términos relativos?

COMO bien dijo un perchelero durante un programa televisivo donde se repitieron varios de estos tópicos que estamos desmontando: “no me toquen el río, por favor, que es una de las pocas señas de identidad que quedan de esta Málaga, destructiva de su memoria”, y remató la argumentación con la sabiduría del común preguntándose “¿cómo podemos imaginarnos al Cautivo sin que pase por el puente?”

EL río es un símbolo. La ciudad existe por el río. A sus orillas, o cercano a ellas, la han estado habitando todos sus pobladores, desde la noche de los tiempos. Es el hito fundacional, tal como era: un cauce permeable con su territorio fluvial conexo, hoy bastante deteriorado. Volver lo más cerca posible de su estado original es recuperar señas de identidad, tan necesarias en una ciudad a la que su burguesía dice amar pero que la ha dejado abandonada reiteradamente, por mor del beneficio económico.

¿POR QUÉ el río Guadalmedina es fundador de la ciudad?

TRANSCRIBO: “estas primeras colonias (fenicias) solían situarse en pequeñas islas cerca de las costas y sobre todo en la desembocadura de los ríos… sus pobladores utilizaban las escorrentías para abastecerse de agua e incluso como sistema de excreta” (Cabrera, 1999). Más adelante, citando a la profesora Aubert, se dice: “El reciente descubrimiento de un poblado indígena en el Bronce final en la misma desembocadura del Guadalmedina no hace más que confirmar una estrategia colonial fenicia que sugiere no sólo la existencia de acuerdos con los jefes indígenas de la zona, sino la intrusión del comercio fenicio en las mismas estructuras organizativas de las comunidades indígenas”. No sólo los fenicios, sino los pobladores anteriores andaban cerca del río, lo que no deja de ser lógico pues de allí sacaban el agua necesaria e insustituible y el rudo saneamiento primitivo.

AHORA ya podemos contestar quién pertenece a quién: la ciudad es la que pertenece al río.

Guadalmedina podría traducirse más justamente como “la ciudad del río”.

ME uno a la demanda de sentido común del perchelero, ¿cómo vamos a amputarnos lo más prístino de nuestras señas de identidad? ¿no habrá que hacer como con los demás entes patrimoniales perdidos que nos aprestamos a recuperar, rehabilitar y conservar?


4 -> LA TÉCNICA SÓLO RESUELVE ALGUNAS COSAS; OTRAS ESTÁN POR ENCIMA DE LOS DESEOS Y CAPACIDADES HUMANAS

ES habitual encontrar a los profesionales de la ingeniería muy poseídos de sus poderes. El siglo XX ha sido el suyo: caminos, canales y puertos a destajo. Y sigue la fiesta con el AVE, las autopistas y las ampliaciones de puertos y aeropuertos. Como dato curioso, una vez cumplido el PEIT (plan de infraestructuras nacional) tendremos más autopistas en términos relativos que cualquier país europeo y ¡también en términos absolutos! Como ya somos el primer país del mundo en número de presas por habitante y superficie. Y de todo, como nuevos ricos, pedimos más cada día. El cambio climático no va con nosotros.

IGUALMENTE, muchos profesionales de la historia creen aún en el progreso. Esa manera de pensar que asigna automáticamente a los tiempos presentes mejores notas que a todos los pasados: todo tiempo pasado fue peor. Ahora con lo que sabemos y con el poder técnico que atesoramos o todo se puede hacer o se podrá en el futuro, piensan ellos. Del progresismo histórico, con Juan de Mairena, doble de Machado, recordamos que las cosas, con el tiempo, pueden empeorar. Y que el siglo XX ha sido unos de esos periodos de degradación moral y regresidad de más calado de toda la historia de la Humanidad: ha sido el siglo más mortífero de todos los conocidos.

DEL poder prometéico de la técnica, sencillamente decimos, con toda la modestia que nuestra limitada condición humana nos confiere, que no todo se puede hacer. Además, que en muchos casos ni se debe aunque se pueda.

EL argumento para sostener esta afirmación, que contradice el carácter demiurgo de las posiciones ‘tecnoentusiatas’, es bien simple: no es posible sustituir a la biosfera en sus 3.500 millones de años de experiencia. Es decir, esa cantidad de tiempo construyendo una red inconsútil de interrelaciones, de retroalimentaciones, de fractales, de atractores, de coevolución, de simbiosis, de autopoiesis, de condiciones fuera del equilibrio, de emergentismo… casi todo lo que funciona y permanece es por biomímesis (por imitación de la naturaleza, o contando con sus leyes). ¿Quién dijo que la noosfera y la sociosfera pueden sustraerse de la biosfera? Como seres vivos (primates sapiens) estamos enredados en esta red inconsútil complejísima, de la que hasta ahora lo más sensato que hemos desvelado ha sido nuestra finitud, la provisionalidad de todos nuestros saberes y nuestra pertenencia sin solución a la biosfera.

LA técnica es muy capaz para destruir ecosistemas pero está imposibilitada para crearlos, lo más que puede hacer es protegerlos y acelerar algunos procesos.

ESTA incapacidad, aplicada a los ríos y a su restauración, se concreta en dos principios en los que ya muchos autores están de acuerdo. De un lado, el piensa global y actúa local, es decir la necesidad de llegar a soluciones globales que tengan en cuenta la unidad el sistema fluvial pero a partir de actuaciones concretas, locales. De otro, que la mejor forma de restauración es dejar que sea el río el que vuelva a crear y destruir, el que pueda volver a buscar su equilibrio dinámico perpetuo, el que sea capaz de reformarse así mismo, para lo cual la única actuación técnica que cabe es la de eliminar todas las cortapisas e impactos que impedían esa libertad.

POR todas estas razones rechazamos de plano toda intervención grandiosa, compleja y que violente aún más al río de lo que lo está. Rechazamos cualquier cosa que se parezca a un embovedado y al desprecio simbólico que se inflige con esa propuesta.

¿NO será la hora de aplicar la sabia frase de Einstein, que cuelga ostentosamente de la fachada del Teatro Cervantes, que nos recuerda que sólo los tontos piensan soluciones más grandes, complejas y violentas y que el genio y el valor están, precisamente, en las soluciones contrarias, es decir en las pequeñas, sencillas y no violentas? ¿Qué más no es mejor?

Artículo escrito por Francisco Puche y publicado en la Revista digital “El Observador”: enlace.


OTROS ARTÍCULOS DE INTERÉS:

**Ideas vertidas al Guadalmedina**

**Un ejemplo para el Guadalmedina: en Seúl han derribado una autopista de seis pistas y dos niveles para recuperar el río Cheonggyecheon, que se ha convertido en el espacio de ocio preferido por los ciudadanos **

 

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Ecosistemas dinámicos, conexiones, máquinas de intercambio de información y otras especies autóctonas.

Octubre 19, 2007 · 7 comentarios

Notas de la charla de Juan Antonio Gómez en la clase de Monográficos de Proyectos de día 17 de Octubre de 2007.

 

 

ECOSISTEMAS: estructuras dinámicas que cambian a lo largo del tiempo y responden a estímulos externos. (Aprenden, se desarrollan…)

Se trata de solapar estructuras dinámicas ** Mantener la capacidad que tienen los ecosistemas de responder a los cambios de manera dinámica.

Básicamente porque esa capacidad de responder es el mecanismo que les permite adaptarse a los cambios y mantenerse en el tiempo.

 

RÍO: es lo que pasa cuando el agua construye territorio.

Los ríos son como las autopistas de los ecosistemas: conectan los distintos territorios.

Un territorio desconectado es incapaz de responder a las perturbaciones.

O al menos ve minorada de forma mas o menos intensa esa capacidad de adaptarse y responder a las perturbaciones. Si además esa perturbación es lo suficientemente intensa (por ejemplo, un fuego) lo que acaba perdiendo la matriz natural del territorio es la posibilidad de autoregenerarse.

 

La vida (en general, desde nuestros cuerpos a una planta o una célula) son máquinas de intercambio de información con el exterior.

Esta frase me parece la mar de interesante como elemento de debate hasta filosófico…. máquinas de intercambio de información…. y también de procesar dicha información y generar organización interna… y de devolverla al entorno con el fin de intentar modificarlo… en fin…. lo dicho, debate de altura.

 

Ya comentó el ecólogo Margalef (Ramón Margalef. “La teoría de la información en los ecosistemas. 1957) que lo más importante en los ecosistemas es la información.

Antes de implantar una nueva estructura (de funcionamiento), conocer cómo funcionan las estructuras de base, lo que hay.

Trabajar artificialmente (con artefactos) aprendiendo de los funcionamientos de la naturaleza.

 

En la competencia existe simbiosis.

De hecho el mecanismo de la competencia es un mecanismo relacional, y si hay algo que caracteriza la vida, al menos en este planeta es que es un fenómeno en el que las relaciones juegan un papel la mar de intenso. Tanto que no es posible que una especie subsista sola en él. La vida es diversidad y pluralidad. Una especie de contrato a largo plazo….

 

Cambiando, manteniendo cierta rigidez en la estructura (la mínima para que se mantenga).

Reciclabilidad.

Los ecosistemas y en general todos los sistemas vivos: se tiende a la mayor producción consumiendo la menor energía (al contrario que los sistemas económicos y de desarrollo del hombre)

Sólo un matiz : no es tanto maximizar la producción como optimizarla… lo digo porque lo de maximizar suena a fábrica…..En todo caso hay otra definición que me encanta : los ecosistemas tienden siempre a obtener la mayor cantidad de organización interna con el mínimo cambio metabólico, es decir, a generar mas y mas estructuras organizadas consumiendo cantidades decrecientes de recursos. Si fuesemos capaces de hacer eso : Adiós, cambio climático….

 

Deforestación en los montes de Málaga, en la cuenca del Guadalmedina, para plantar vid, por eso las avenidas y las inundaciones, para controlar eso se hizo la presa.

 

Restauración ecológica: recuperación de flujos y de ecosistemas, no volver a un estado inicial porque eso es imposible, más reinventar.

 

Reconocer algunas de las asociaciones vegetales que hay a lo largo del río y trabajar con ello.

La heterogeneidad de las especies es lo que caracteriza al Mediterráneo.

Y de los ambientes y de las condiciones y de las oportunidades que nos dan esas condiciones para trabajar con los ecosistemas. Yo creo que esa heterogeneidad, además de una cualidad interna es un elemento clave de oportunidad ya que nos da la posibilidad de aportar muchas y variadas propuestas.

 

Restauración + conexión con otros territorios que estén más sanos.

 

Partes del río a tratar y metodologías sugerentes:

 

1.- Río antes de la parte urbana: restauración, leer el territorio a través de las especies, ver las relaciones transversales y longitudinales y proponer reforestaciones, etc.

2.- Río en la parte urbana: espacio público, relación con los humanos, actividades emergentes, zonas temporalmente autónomas.

3.- Desembocadura. Se puede proponer una marisma??

 

La vegetación de la ciudad, puede ser vegetación autócona?

 

Una red trófica no es una pirámide, se parece más bien a la red que forma internet.

 

Podemos equivocarnos en nuestros planteamientos, también tenemos que contar con ese factor para que nuestras propuestas no sean definitivas.

 

Ensayar prácticas de mejorar biodiversidad y nuevos usos (a la vez).

 

Experimentar nuevas metodologías de producción del territorio.

 

 

 

 

 

 

 

 

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