Aquí unos sugerentes gráficos del documento de los Trabajos hidrológicos-forestales de los Montes de Málaga del año 1948.
El documento completo aquí.
Aquí unos sugerentes gráficos del documento de los Trabajos hidrológicos-forestales de los Montes de Málaga del año 1948.
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Categorías: Guadalmedina · Metodologías
Etiquetado: cartografías, Guadalmedina, Montes de Málaga, trabajos hidrológicos-forestales
Categorías: Guadalmedina · opinión
Etiquetado: ciudad, Guadalmedina, potencia, río
Recorrido de la 2ª excursión
Categorías: Guadalmedina · Trabajo de campo
Etiquetado: arroyo Chaperas, bosque de galería, Guadalmedina, segunda excursión
Y en cuestión de segundos, tras hora y media de ascensión, se abre en redondo el circo de la sierra de Camarolos; el lugar en donde nace el río Guadalmedina. Su altura se sitúa a 1.150 metros. En medio, un extenso prado alpino llega hasta la base de las cortadas de piedra caliza que suben a pico entre ochenta y cien metros en el frente noroeste. A la derecha, en el sentido de la ascensión, en la ladera de una formación montañosa protegida del sol por su orientación norte, aparece un nuevo bosque de encinas, ahora de menor porte. Éste se enriquece con las tonalidades amarillas y doradas de quejigos y majuelos. Es un bosque de tipo húmedo y se pisa un colchón de hojarasca otoñal, aunque la lluvia hace tiempo que no ha caído. En el interior umbrío -accediendo sólo al borde para no alterar su extraña e íntima tranquilidad-, viendo cómo trepan las hiedras abrazando los troncos de las encinas, vienen de la memoria las imágenes y sensaciones mágicas de bosques de robles gallegos y leoneses. Pero estamos en la provincia de Málaga. Apenas a treinta kilómetros del mar Mediterráneo. Si el día fuese más claro, lo habríamos visto nítidamente hacia el sur: el horizonte recto del borde inferior del cielo interrumpido arbitrariamente por los Montes de Málaga. Mas a diferencia de las impresionantes masas de caliza que nos rodean, el cielo no es estático. Nubes y nubarrones se encuentran en perpetuo movimiento debido a los vientos. En momentos amenazan con empeorar el tiempo. El sol aparece y desaparece. Se decide continuar la excursión: sobre los farallones y cumbres hacia donde nos dirigimos el día se aclara.
Bosque de encinas umbrío
¿Cómo transmitir el sentimiento que se ha hecho propio, sobre un acontecimiento vivido intensamente, a alguien que no lo ha vivido en su carne? Porque las palabras no pueden presentar un sentimiento. En todo caso podrían representarlo, es decir, producir una traslación y una interpretación de lo vivido, que nunca es lo vivido. El motivo del presente artículo trata de explicar lo difícilmente explicable.
Y no es porque escaseen discursos sobre el río. Se habla desde hace muchos lustros -incluso se podría contar por siglos-, de múltiples cuestiones referidas al “problema” del Guadalmedina. Se habla, además, intentando dilucidar si es un problema técnico, económico, ciudadano o de responsabilidad y decisión de los políticos de turno. Málaga ha sido una ciudad que tradicionalmente ha dado la espalda a sus accidentes geográficos más suyos: a su bahía y el Mediterráneo, a los montes de Gibralfaro y de la Victoria, o como en nuestro caso, llegando a rechazar al río Guadalmedina.
Cuando se planteó dentro del programa lectivo de una asignatura optativa de arquitectura estudiar el Guadalmedina, se intuía el atractivo de muchas de las cosas que nos hemos ido encontrando hasta ahora. Desde luego no pensábamos en la riqueza y fascinación en las que nos íbamos a sumir. Al fin y al cabo, a su paso por la ciudad está en unas condiciones bastante cochambrosas, y es difícil imaginar que río arriba la situación pueda ser otra diferente.
Aconsejados por dos conocedores y defensores a ultranza de la naturaleza y de nuestro río –Paco Puche y Juan Antonio Gómez-, se organizó para los estudiantes una excursión al nacimiento del Guadalmedina, cerca de Colmenar. La empresa no era fácil, pues, aunque la gente con la que íbamos a subir es joven, no suele estar acostumbrada a realizar demasiado ejercicio -sea por estudiar mucho, por falta de hábito, por pereza…-, y era un riesgo asumir que algunos no pudieran tener dificultades en la subida y especialmente a la vuelta (como en alguna otra ocasión ha sucedido). Para evitarlo, se decidió preparar un campo base a mitad de altura. Aproximadamente en la zona en donde se extiende el pasto alpino que recoge las primeras aguas del río. El sitio -un excelente lugar por la amplitud y las vistas-, serviría de campamento para los que decidieran no arriesgarse en ascender hasta los farallones y riscos calizos que coronan la cumbre del circo a 1.443 metros de altura.
Pasto alpino
Al final del primer tramo del ascenso, y a pesar de que el grupo anduvo junto al cauce atravesando un bosque climácico de encinas orientado al sur (es decir, un bosque ejemplar por biodiversidad en su situación), y la riqueza vegetal y ornitológica era asombrosa (cernícalos en plena caza estáticos en el aire, buitres sobrevolando…), algunas caras de estudiantes empezaban a manifestar el esfuerzo, y es posible que cierto disgusto ante lo inusual de la situación en la que se habían visto implicados –ellos-, unos futuros arquitectos urbanitas.
Bosque de encinas sur
Cuando el “mal de montaña” hizo su inevitable aparición, paramos para reponer fuerzas. El primer receso de la subida lo hicimos cerca de dos horas después de iniciada la excursión. Eran las doce y media. Abrimos las mochilas y dimos buena cuenta de las provisiones. Media hora después, hasta el ánimo de las/os más escépticas/os se hubo repuesto en sus cuerpos. Y todas/os decidieron continuar hasta la cumbre (un cuerpo joven es un cuerpo joven). Arriba, el paisaje se hacía más severo. La vegetación se especializa. Es más escasa y habita entre las rocas para defenderse de la nieve en invierno, y de la intensa radiación solar en verano. Su forma se hace redonda para adaptarse a las duras condiciones de la altura. Quedan las últimas manchas de hiedra y durillo. La roca se desnuda y se hace más vertical. El grupo asciende adquiriendo la típica formación de “en fila”. Incluso hay que escalar para llegar a la cima.
Ascensión en fila
Una vez en la cumbre, la sensación de haber alcanzado algo importante es imposible de evitar. Satisfacción general. Desde lo más alto, las vistas son fantásticas. Conseguimos divisar el otro lado de la sierra Camarolos: y la sierra del Torcal, la Peña de los Enamorados, la zona de Archidona, gran parte de la provincia de Granada…
En la cumbre 1440m
Durante la primera parte de la excursión los biólogos Carlos Barbero (profesional) y Juan Antonio Gómez (aficionado) hacen constantes referencias sobre lo que se va viendo, observando, oliendo, oyendo, tocando, pisando… Tras varias horas cautivados por el ambiente serrano, los comentarios de los que saben dejan de ser necesarios al atravesar los inquietantes “coros de brujas” de encinas, o el bosquete de quejigos de tonos azules, verdes, amarillos y rojos (como pintados por un pintor enloquecido por el color). No por la pertinencia de las puntualizaciones científicas, sino porque los estudiantes, y los demás, comprendemos por nosotros mismos –y hemos sentido en nuestros cuerpos (no sólo por el cansancio)- la variedad y diversidad de los espacios que atravesamos. Unas siete horas después de la salida se produce el regreso al pie de la sierra. El grupo es más grupo. Desde entonces hay unos cincuenta nuevos especialistas sobre el nacimiento de Guadalmedina. Son estudiantes de Granada. Cerca de quince casi no saben hablar español (son “Erasmus”). Pero entienden perfectamente al río; aunque no lleve agua.
Bosquete de quejigos
No hace falta ser un experto para saber cómo es un lugar, un territorio, un barrio, una casa, un río… Hay que convertirse en habitante. Sólo así se puede empezar a hablar con propiedad de un lugar. Para los malagueños que subimos desconociendo el lugar, descendimos con un Guadalmedina renacido.
José María Romero
Arquitecto, profesor Escuela de Arquitectura Universidad de Granada
Categorías: Guadalmedina · Trabajo de campo · autoformación
Etiquetado: bosque de encinas, bosque húmedo, bosquete de quejigos, cima, Guadalmedina, habitante, mar Mediterráneo, Montes de Málaga, naturaleza, pasto alpino, piedra caliza, río, sierra de Camarolos
Guadalmedina: río de la ciudad, POR JOSÉ DAMIÁN RUIZ SINOGA.
Artículo publicado en el Sur Digital, aquí.
POCOS como los malagueños para saber que la consabida frase «los ríos tienen sus escrituras debajo del brazo» es más real que el mismísimo Guadalmedina. Y por eso no es menos cierto que desde hace tiempo están buscándole soluciones al río, como si fuese él quien atenta contra la paz y sosiego de la vida cotidiana; precisamente el río de la ciudad. Como si los ocasionales desbordamientos de antaño o su cotidiana raquítica presencia en la ciudad obligasen a tomar decisiones políticas excluyentes, dado que, en definitiva, parece que en esta Málaga cosmopolita el Guadalmedina ya no cabe.
Según dicen algunos, pareciera que hablan de un tubo que lleva agua de vez en cuando, y dado que se trata de un caudal ocasional, esporádico, y para colmo de males, ocupa un espacio en el centro de la ciudad, por tanto espacio urbano, pues realizan una traslación social y lo convierten en «el río que divide la ciudad». De la misma manera que el Segura divide a Murcia, el Ebro a Zaragoza, el Sena a París, o el mismísimo Guadalquivir a Sevilla, y nos resulta bastante difícil imaginar la posibilidad de borrar estos ríos de sus cauces actuales, y digo sus cauces, porque todos ellos pasaban por allí antes de que fuesen colonizados por las diferentes expansiones urbanas. Nos referimos a un río, es decir, una masa de agua continental con un caudal más o menos continuo que fluye en su mayor parte sobre la superficie del suelo, pero que puede fluir bajo tierra en parte de su curso.
Nuevamente, un planteamiento recurrente, como las riadas, vuelve a tomar fuerza en la idea de actuar sobre el Guadalmedina. Políticos, gestores del territorio y medios de comunicación confluyen en la necesidad de actuar ya para que el Guadalmedina deje de convertirse, según algunos, en «la cicatriz» de Málaga. Es un problema urbanístico, social, territorial, ambiental, hidrológico e hidráulico, y obviamente a todos ellos hay que buscarle solución, pero salvaguardando estos dos últimos.
En esencia, se trata de actuar desde el punto de vista hidráulico en el cauce de un río, y justo en el tramo final, cuyo comportamiento dependerá de todo el sistema hidrológico que hay aguas arriba, de las características fisiográficas de la cuenca vertiente, así como de la pluviometría de la zona de afección. Es decir, un ecosistema fluvial, en el que dadas sus características pluviométricas -esporádicas, intensas y de corta duración- tiene un comportamiento hidrológico de respuesta inmediata a las precipitaciones que superan la capacidad de retención por parte de la vegetación y los suelos. En nuestro caso, y dado que está regulada gran parte de la cuenca por la presa de El Limonero, habría que incluir las aportaciones que suponen los posibles desagües de la misma. El origen del problema es hidrológico, la consecuencia es hidráulica y la percepción y el valor añadido son sociales y urbanísticos, y difícilmente pueden abordarse estos últimos sin previamente resolver los dos primeros. Todo ello, considerando que debe cumplirse, porque es preceptivo, la normativa derivada de la Directiva Marco del Agua, puesto que el cauce y las aguas subterráneas no son elementos ajenos al sistema hidrológico. Así pues, ojo con las alegrías y las propuestas de diseño de gabinete, porque el marco conceptual y normativo las pueden convertir en papel mojado a la primera de cambio, no sólo por el organismo de gestión de la cuenca, sino por la propia Unión Europea, a la que probablemente habrá que solicitarle fondos para la ejecución del proyecto final.
Quizá el tema no sea resolver «la ruptura urbana», la «cicatriz», o el río que «divide» mediante propuestas basadas en el cemento o asfalto, y bastante poco sostenibles, por cierto, sino en recuperar un ecosistema fluvial, degradado por el hombre, y convertir ese espacio en centro de referencia en vez de frontera. Pero para eso habrán de resolverse las cuestiones hidráulicas e hidrológicas.
Dado que el origen es hidrológico, su área de afección es toda la cuenca, y es necesario la realización de actuaciones hidrológicas que conduzcan a que el agua que llegue a la presa de El Limonero mejore sus características actuales en tiempo y forma, es decir, que tras un intenso evento pluviométrico en la cuenca circule más lenta, menos agresiva, con menor energía, en definitiva, con menor potencial erosivo, y más limpia, o sea, con menos aportes sólidos, que no son sino el resultado de la progresiva degradación de los suelos y la aparición de procesos de desertificación. Por cierto, un síndrome más del tan cacareado calentamiento global. La única receta válida para esto es la restauración hidrológico-forestal.
Dado que las consecuencias son hidráulicas, es necesario actuar con soluciones basadas en la hidráulica, ya sea en cauces naturales o artificiales. Siendo evidente que la construcción de la presa de El Limonero ha supuesto un importante control del riesgo de avenidas, no es menos cierto que tras su inauguración se ha vuelto a ver en determinadas circunstancias al río en su tramo urbano ‘de banda a banda’, con su caudal de avenida, básicamente porque han coincidido en el tiempo la necesidad de desaguar la presa y los aportes de los arroyos existentes aguas debajo de la misma, con una importante carga de aportes sólidos, es decir, de tierra. Volvemos a la cuestión hidrológica, puesto que hemos de conseguir que las aguas que necesariamente tengan que atravesar el cauce en su tramo final vayan más limpias y más lentas. En cualquier caso, siempre estamos ante un río de régimen típicamente mediterráneo, y, por tanto, de caudales de avenida poco predecibles. Algunas actuaciones hidráulicas en estos arroyos podrían ser de gran ayuda, pero necesariamente unidas a la solución hidrológica.
Una vez resueltas ambas cuestiones, una propuesta ambivalente que podría dotar a dicho espacio de un marcado carácter social y de ocio, y al tiempo garantizar el uso por parte del río ante eventos extremos de ’su cauce’, sin incremento de su vulnerabilidad actual, podría ser la creación de un parque fluvial, en el estricto sentido del término, esto es, parque en tanto que sin los actuales paredones que suponen el encauzamiento se recuperaría la conexión entre ambas márgenes, y fluvial porque mediante un sistema de bombeo y a muy bajo régimen de caudal podría circular el agua desde la presa hasta la desembocadura, con las pertinentes actuaciones hidráulicas, mejorando sensiblemente la calidad ambiental.
Esta puede ser la menos agresiva de todas las posibles, también la menos atractiva para determinados intereses urbanísticos y especulativos urbanos, pero sin duda es respetuosa tanto con los ciudadanos como con el propio río, y completamente financiable, dado que se inscribe en la estrategia comunitaria por parte de las instituciones europeas. Es sólo una propuesta, aunque parece claro que el tema ha dado y, por los diversos intereses que concita, seguirá dando muchas vueltas. En cualquier caso, bienvenidas las ideas imaginativas y la financiación, pero dentro de su marco normativo y conceptual.
Categorías: Guadalmedina · opinión
Etiquetado: ciudad, Directiva Marco del Agua, Guadalmedina, hidráulica, Málaga, presa, propuestas, río, restauración hidrológico-forestal, sistema hidrológico
Eso es el Guadalmedina a su paso por la ciudad de Málaga: un lugar disputado entre la naturaleza y la artificialidad, y por lo tanto altamente controvertido e interesante.
Aquí se presenta un fragmento de la tesis doctoral de Eduardo Serrano, donde relata brevemente la genealogía controvertida del Guadalmedina, y cómo por sus características y sus atributos se trata de un espacio rebelde, donde las (que nosotr*s en el curso hemos denominado) actividades emergentes (quizá porque siempre están emergiendo, y nunca llegan a estabilizarse) han sido la constante durante mucho tiempo, al menos desde el S.XIX.
(…)
El cauce que escinde Málaga en dos partes desiguales, es mucho más que una barrera:
Guadalmedina, “río de la ciudad”; mejor sería decir río contra la ciudad, porque antes la ciudad se volvió contra el río; una exterioridad salvaje capaz de infringir tremendos daños al mismo centro urbano en sus periódicas riadas.
El resto del tiempo era un camino franco y anchuroso que permitía un fácil acceso a la ciudad y un itinerario alternativo para evitar el cruce de los pesados carros por las estrechas calles del centro, desde o hacia el puerto.
Socorrido espacio para eventos extraordinarios necesitados de mucha amplitud, como las carreras de caballos de la renovada feria del Corpus de 1857; ahí tuvo lugar parte de las actividades de la feria hasta que la riada de 1894 aconsejó su traslado [ALBUERA 1998: 72].
Espacio transicional, paradójicamente denso pues su anchura y situación lo hacen ideal para múltiples actividades muy cerca del centro mismo de la ciudad y de su puerto, destacando las que tienen una orientación económica y utilizado, sobre todo a partir de la llegada del ferrocarril hasta los muelles, por las clases bajas. Su generoso espacio permitía montar improvisados campamentos desde los que llevar las mercancías a los lugares del comercio o vender directamente allí; usado así mismo para realizar tratos de ganado, esquilar borregos, descanso de los bueyes, preparar pieles [ALBUERA 1998: 37; MARTÍNEZ y MONTES 1852: 274]; también lugar de trabajo para las lavanderas profesionales.
Vicente Martínez y Montes lo considera una calle más, pero se lamenta de que ahí es donde también van a parar animales muertos, donde se arrojan desperdicios y las gentes hacen sus necesidades, afectando la moral pública [MARTÍNEZ y MONTES 1852: 274]. Debido a la impunidad que proporciona un espacio tan amplio, es receptáculo de todo tipo de desechos, no sólo los propios de la vida doméstica, también los muy abundantes derivados del trasiego de animales y productos agrícolas.
Espléndido escenario para reyertas y desafíos; solar de desdichas, de encuentros e intercambios violentos, saldándose también ahí las cuentas pendientes de afrentas y de honores mancillados. Muy adecuado para las pedreas entre bandas rivales de niños que son tan frecuentes que se registran como escandalosa costumbre en los periódicos locales [ALBUERA 1998: 141].
Los barrios que a él se asoman no son precisamente los más elegantes de la ciudad, abundando las actividades generadoras de residuos, como los propios de la pesca y del puerto, hoyos para majar esparto, etc. Y también el espanto de los ajusticiamientos en Martiricos, en su parte norte.
Todo eso y su aspecto árido, descuidado, con permanente mal olor cerca del mar (por sus márgenes discurren las alcantarillas principales de la ciudad), hacen del cauce la antifachada de la ciudad, su parte trasera, literalmente su culo.
Pero el problema es que no es en absoluto un espacio alejado o periférico. De ahí el interés de recuperarlo como gran avenida norte-sur de la ciudad, operación siempre asociada, desde 1765 en el que Antonio Ramos la propuso, al desvío de las aguas fluviales a través de un canal que llegaría hasta la playa de San Andrés [MORALES FOLGUERA 1986b: 52 y 53]. Asignatura eternamente pendiente de todos los regidores de la ciudad, igual que su reconversión como lugar civilizado.
Como en el caso de los intersticios libres de propietario de los que habla Jean Robert, el cauce del río es utilizado para cantidad de elementos escasamente controlados en múltiples actividades; por ejemplo para estancias temporales, siempre en relación con actividades mercantiles: así las chozas para venta de fruta [MARTÍNEZ y MONTES 1852: 274]; pero ya en estos tiempos por todo hay que pedir permiso a la autoridad, lo cual se registra en los archivos municipales de Obras Públicas; por ejemplo, para instalar casetas de madera junto a la desembocadura, autorizadas siempre que no sean obras permanentes [AMM 1387/34, 1891; AMM 1388/91, 1892]; pero en 1894 es denegada una petición similar destinada a dar comidas a los obreros, debido al mencionado riesgo de avenida [AMM 1390/35], lo que es señal de su carácter cambiante y hasta traicionero.
Tres años después [AMM 1391/98] se contesta al nuevo solicitante que este permiso es asunto de la Junta de Obras del Puerto y de la autoridad de Marina; el sitio propuesto sería el mismo que el de la antigua herrería (sin duda se refiere a los restos de una fábrica, propiedad de Tomás Trigueros, que fueron objeto de un conflictivo expediente en 1872 [AMM 1278/10] en el que consta la intervención del Gobernador y del ayuntamiento); es decir, no dos, sino tres instituciones concurren con sus respectivas competencias en este espacio: el municipio, las autoridades portuarias y la Marina debido a su carácter altamente estratégico, civil y militar a la vez, y a su multifuncionalidad. A estas tres se añadirá en el siglo siguiente la autoridad específicamente competente en los cauces fluviales, la Confederación Hidrográfica. Curiosamente su carácter de espacio rebelde a toda apropiación provoca intentos de captura por parte de muchos poderes gubernativos, cada uno esgrimiendo títulos específicos de legitimidad para justificarlo.
Resumiendo, el Guadalmedina se presenta como un espacio franco pero sometido a la ocupación repentina, recurrente y catastrófica de lo que se entiende es su dueño original, que no cede fácilmente su posesión: la Naturaleza. Esta circunstancia obliga a que toda ocupación humana sea provisional y que la comunicación transversal entre las dos partes de la ciudad esté siempre en peligro: en 1907 una riada rebasa y rompe los paredones, arranca el puente de madera entre Puerta Nueva y calle Mármoles, chocando contra el de Santo Domingo, al que arrastra y cegando con los restos de ambos los arcos del puente de Tetuán, lo que provoca una enorme inundación [REINOSO 2002].
Este singular espacio propicia que también otro tipo de naturaleza irrumpa y provoque el caos: en 1900 el comandante de ingenieros reclama al ayuntamiento vigilancia para que cesen de liarse con cometas o cuerdas con piedras los cables telegráficos entren los cuarteles de Trinidad y Capuchinos [AMM 1395/185]. Finalmente lugar irremediablemente abierto, agujero en el espacio-tiempo urbano; por eso el preferido de los niños.
Eduardo Serrano Muñoz. Tesis doctoral “Territorios y Capitalismo“. Capítulo 2.Exteriores. Apartado 2.2.Fronteras. [p. 38-40]

Este artículo está bajo una
licencia de Creative Commons.
Fotos: http://www.acmal.org/general.html
Más fotos antíguas del Guadalmedina:
http://www.acmal.org/archivo_imagenes/RioGuadalmedina.pps
Categorías: Actividades emergentes · Ecosistemas · Guadalmedina
Etiquetado: antifachada, artificialidad, caos, controversia, culo, espacio rebelde, espacio transicional, fronteras, Guadalmedina, naturaleza, ocupaciones temporales

Estos son extractos de un texto de presentación del Plan Especial Guadalmedina, elaborado por la Gerencia de Urbanismo de Málaga.
Aquí el texto entero.
No comments.
(…) El Plan Guadalmedina prevé resolver situación tan delicada mediante la construcción de un túnel de 11 kilómetros de longitud y unos 11 metros de diámetro que permitirá derivar directamente al mar las avenidas extraordinarias del Guadalmedina, haciéndolas desembocar en la zona del Peñon del Cuervo.
Una vez realizada esta obra, y también la de otro túnel, de menor dimensión, destinado a trasvasar 50m3/sg de agua del Guadalmedina hacia el embalse de La Viñuela, se podrá acometer el gran proyecto que desde el siglo XVI está llamado a ser el que más puede transformar el urbanismo de Málaga, y que consiste en embovedar el cauce a su paso por la ciudad, con la capacidad necesaria para las máximas avenidas que puedan aportar los arroyos que desembocan en el Guadalmedina abajo del Limonero.
(…) La liberación del cauce significará no sólo el que desaparezca la gran cicatriz que atraviesa la ciudad, sino también permitirá ganar valiosos espacios situados en ambas márgenes del río, conformándose así lo que está llamada a ser la gran avenida Norte-Sur de Málaga, que en realidad constituirá un gran eje verde que permitirá “coser” la trama urbana que hoy queda dividida por el árido cauce del río Guadalmedina.
(…) Con esta importantísima actuación Málaga podrá recuperar unos 300.000 metros cuadrados de terreno, y la superficie del cauce así liberada permitirá crear, con un adecuado tratamiento estético cuyo diseño podría nacer de un concurso internacional de ideas, un gran espacio para la convivencia ciudadana, que llegará a constituir la más importante operación urbanística de la historia de Málaga.
Categorías: Guadalmedina
Etiquetado: Guadalmedina, operación urbanística, plan especial, túnel
Zonas Temporalmente Autónomas.

z1-Un polideportivo en pleno centro de Málaga.
En Málaga contamos con una buena muestra de intervenciones urbanísticas inexplicables. El caso de la obra realizada en el último tramo del cauce del río Guadalmedina es un ejemplo perfecto. Al estar seco durante la mayor parte del año, abre unas posibilidades inmensas para redefinirlo como un espacio de recreo público donde podríamos imaginar decenas de actividades. Sin embargo, la solución del gobierno de la ciudad fue, una vez más, llenarlo todo de cemento y metal e incluir unas ridiculas piscinas que están vacías casi siempre.La ciudadanía, como era de esperar en un espacio de tal mal gusto, dio la espalda de forma absoluta.Ese enorme espacio al aire libre era transitado por gente que paseaba sus perros.
La comunidad ecuatoriana de Málaga se ha encargado en el último año y medio de reinventar este espacio, transformándolo en un espacio de vida y cooperación social.
Un domingo de sol decidieron emprender un acto que se debería haber hecho hacía tiempo. Simplemente con una brocha gorda y unas latas de pintura blanca transformaron una esplanada gris de cemento agujereado en un espacio habitable. Sólo en dos horas Málaga contaba con dos nuevas canchas de voleybol y una de fútbol 5, una terracita y una piscina donde refrescarse. Al poco tiempo se fueron resolviendo, entre todos, algunos problemas menores.Traer los postes y las redes desmontables, conseguir las pelotas, avisarle a los compañeros y compañeras, que traigan a los chicos, pensar en unas mesitas, sillas y algo de comida y bebida.
En dos domingos ya estaba funcionando durante todo el día una verdadera reapropiación comunitaria del espacio público, la producción de un espacio-tiempo donde se dan, superponiéndose, circuitos vistuosos de cooperación.
En los partiditos de voley y futbol se celebra juntos esa porción de vida fuera del trabajo asalariado, donde descansar, jugar,reir, estar al aire libre con la comunidad. En los descansos se cuentan chistes, se escucha música y hasta se baila. Pero también se comentan los problemas, las dudas, los miedos, se pasan datos, telefonos, un alquiler barato,un posible trabajo, el tema de los papeles. Se cuentan experiencias y se pone en situación a los recién llegados. Se percibe con claridad que las migraciones se sostienen siempre, en la proliferación de redes, comunicativas, afectivas, relacionales. Al lado de las canchitas se habilitó también una peluquería móvil que atiende la cabeza de chicos y grandes y que rápidamente sirve de excusa para inaugurar un foro de dialogo entre las compañeras, muchas de las cuales disfrutan de su único día de descanso para volver a las casas donde están empleadas. Una vez más se intercambian consejos, recomendaciones, se comentan las condiciones de trabajo, se comparan los salarios, se informa de los comercios más baratos, se comentan las noticias que llegan de Ecuador.
Cuando anochece, algunos se quedan jugando al voleybol de 3, otros recogen las cosas, rematan las últimas bebidas y se despiden entre risas.
Se levanta la zona temporálmente autónoma y el río se vuelve gris.
Hasta el próximo domingo.
Artículo extraído de la investigación OtraMálaga04, en hackitectura.net
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Categorías: Actividades emergentes · Ecosistemas · Guadalmedina
Etiquetado: circuitos de cooperación, cooperación social, espacio habitable, espacio público, Guadalmedina, otramálaga04, peluquería móvil, reapropiación comunitaria del espacio, redes afectivas, redes comunicativas, zonas temporalmente autónomas
El principal argumento que pulula por ahí para justificar intervenciones absurdas es negar la mayor y decir que el rio no es un rio. No esta mal… verás que facil lo desmontamos : un rio no es una corriente de agua, es un corredor de vida. Un elemento esencial que conecta ecosistemas, da variedad al paisaje y genera dinamicas de suelo y territorio muy intensas. Un rio es un proceso, y el rio no solo es agua: es cuenca, conectividad, avenidas , irregularidad de caudales, las gentes que viven cerca de el, los aprovechjamientos que lo jalona….Y si esto no es bastante el Guadalmedina es tan rio que uno de los elementos que hacen que exista una zona LIC (Lugar de Interes Comunitario) desde Casabermeja hasta casi Málaga en su cauce es la importancia del mismo como habitat del Cobitis taenia, que es, como se ve en la foto un precioso pez que necesita ….. si señor AGUA. Jo que si es un rio el Guadalmedina, jo que facil lo tenemos para contarlo
Categorías: Ecosistemas · Guadalmedina
Etiquetado: Cobitis Taenia, conexión de ecosistemas, corredor de vida, Guadalmedina, LIC, proceso, río