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¿Cómo se negocia con un río?

Diciembre 1, 2007 · 2 comentarios

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El miércoles pasado estuvo en la clase de Monográficos de Proyectos Eduardo Serrano.

Se mantuvo una charla-conversación muy interesante, donde destacó entre otros puntos la necesidad de entender el río como una entidad compleja, campo de virtualidades, y actante con el cual es posible negociar, porque tiene una potencia que es posible transducir (de muchas maneras).

Un pequeño ejemplo del campo de virtualidades que es éste río es la nube de tags que está resultando de este blog:

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Olatz sugirió que la cuestión era diseñar una mesa redonda donde poder negociar con el río. Que el río podía tener rasgos parecidos a un díos (o diosa) griego y que nos podíamos imaginar una conversación con él (o ella).

La cuestión de este curso se plantea entonces en crear un marco de negociación con el río, en que se puedan transducir sus distintos lenguajes al humano y viceversa.

Aquí abajo algunas notas (totalmente incompletas) sobre la estupenda intervención de Eduardo Serrano.

TRADUCIR: es de lo que se trata el trabajo creativo del arquitecto, o más bien, de TRANSDUCCIONES, que es pasar de una cosa que tiene un estado, una naturaleza a otro/a.

La creatividad parte de algo totalmente ambígüo, siempre se destruye algo. Sinapsis. Cómo crear algo un vacío para crear algo. Cómo hacer del caos una opción creativa.

RÍO = agente verdaderamente ambígüo

[Lectura recomendada: “Pureza y peligro” de Mary Douglas] Los agentes impuros, peligrosos, son curiosamente creativos.

Habitantes: construyen el territorio a la vez que se construyen a sí mismos,

No establecer soluciones a problemas pre-establecidos, sino ofrecer herramientas para que la gente defina sus propios problemas y les de solución.

RÍO = frontera

Perspectiva de soberanía.

Y si pensamos que el río es el centro del territorio en lugar del límite, de una barrera…

RÍO = unión del espacio, lo que le da integridad.

RÍO = red higrográfica.

El límite entonces adopta otra forma, no es la línea que separa dos espacios de poder, sino la línea que conecta.

Límite-> lugar de encuentro y desencuentro.

En el S.XIX, el RÍO era espacio separador (por el poder) de cabezas grandes, cabezas pequeñas (la gente que vivía respectivamente al este y al oeste del río).

Pero también era entendido de otra forma: como carretera, como lugar de encuentro entre el campo y la ciudad.

En la práctica los que entienden esto bien son los niños. Los niños crecen (o crecían) en los lugares del peligro, lugares efímeros, ricos, vivos, fuera de vigilancia, etc.

 

El territorio nos está hablando, ya tiene potencia, nos está diciendo qué quiere ser.

Nuestra tarea es transducir esa potencia.

Pero como se encuentra en una situación de gran ambigüedad, la transducción puede ser muchas cosas, no una sóla y determinada…

Aunque no todas las cosas, puede ser muchas cosas, pero no todas.

Teoría del Actor-red: actantes no humanos imponen una ley negociada.

Hay toda una serie de negociaciones con ellos.

Tenemos que negociar con el RÍO.

RÍO = actante con el que negociar

RÍO = campo de virtualidades.

El río es muchas cosas, no es solamente el elemento físico, sino todo el entramado de relaciones, de la gente y de las cosas con el río.

Es el centro de un haz enorme de cosas imaginadas, pero que son realidad.

Hay que explorar otras dimensiones del río.

Relación de la gente con el río= material de proyecto.

Buceos en el incosciente colectivo (es lo que hace tan bien las estrategias de marketing).

Ver la virtualidad cultural que se compone con el río. Composición gente-río.

RÍO = herida: es una lectura hecha desde los poderes, y va encaminada a eliminar todas las demás lecturas.

 

¿Dónde acaba un río? ¿Hasta dónde llega su poder?

Fronteras: entidad muy potente, habitables, espacio de la inventiva.

El río nos desborda.

El río tiene varias caras, habla varios lenguajes, y es experto en ríos.

Muchos lenguajes, altamente articulados. La verdad es negociada.

No como el lenguaje técnico tradicional que transforma todo a su lenguaje, un sólo lenguaje que aplasta a los demás y se deja toda la multiplicidad fuera.

 

El hombre se ha convertido en un agente “natural”, es decir, un actante interviniente en la naturaleza, no se puede quitar lo humano y ya está.

El río siempre va a ser un territorio en conflicto, aunque lo pretendan estabilizar.

Pensamiento radical ó actitud coherente: negarse siempre a cerrar los problemas, crearlos. Abrir espacios de negociación.

 

 

 

 

 

Categorías: Actividades emergentes · Guadalmedina · opinión
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Cuatro tópicos por desmontar sobre el Guadalmedina

Octubre 25, 2007 · 6 comentarios

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1 -> EL GUADALMEDINA ES UN RÍO.

ESTAMOS en la provincia de Málaga ante un escenario típicamente de clima mediterráneo y en una orografía de fuertes pendientes, que dan a la mayor parte de los sistemas fluviales de Málaga su peculiar comportamiento.

HAY que comenzar, aunque parezca muy básico, rebatiendo esa desafortunada definición de río, que se hizo popular en los viejos libros escolares, como “corriente continua de agua”, visión estática absolutamente falsa. Nada más lejos de la realidad: un río es mucho más complejo que una simple corriente de agua, y por otra parte esa corriente nunca es continua, ya que presenta un claro dinamismo en el espacio y en el tiempo, fluctúa, sufre crecidas y estiajes, y puede dejar de llevar agua durante periodos prolongados de tiempo sin que por ello deje de ser ese sistema que llamamos río”. (Ollero, 2007).

A esta mala visión escolar también ha contribuido la definición del diccionario de la Real Academia que sigue manteniendo en la entrada de río la acepción de “corriente continua de agua”. Y otros diccionarios tan prestigiosos como el de María Moliner y el Seco mantienen esta acepción trasnochada, por lo que no podemos culpar al común de que la vaya repitiendo. Esta interiorización tópica explica que el argumento cale en los oyentes. Para explicar lo que las modernas ciencias fluviales dicen de los ríos, seguimos con el profesor Ollero, geógrafo, especialista en territorio fluvial. Se expresa así:

LOS ríos son sistemas naturales enormemente dinámicos y complejos. Su principal función es el transporte de agua, sedimentos y nutrientes, pero además conforman espacios lineales de gran valor ecológico, paisajístico y territorial, auténticos corredores que enlazan montañas y tierras bajas. Por lo tanto la red fluvial -los ríos o sistemas fluviales- constituye un elemento clave en la dinámica ambiental y en la planificación territorial”. Y más adelante, para salir de toda posible duda, aclara:

EXISTE, entonces, un sistema fluvial general, con mayúsculas, como mecanismo global, pero cada cárcava, cada arroyo, cada barranco, cada rambla, cada río, cada uno de sus tramos, toda una red de drenaje, toda una cuenca hidrográfica, con sus vertientes y sus cauces, todo ello son sistemas fluviales. Son muy variados en sus dimensiones y caracteres, aunque coinciden en lo fundamental: en todos el agua -más o menos abundante, permanente, discontinua o esporádica- se moviliza a favor de la pendiente, en todos ellos hay procesos geomorfológicos de erosión, transporte y sedimentación, en todos ellos hay vida -y también intereses socioeconómicos- porque hay agua”.

POR tanto hoy más que hablar de ríos hablamos de sistemas fluviales, que son complejos mecanismos hidrológicos, geomorfológicos y ecológicos de movilización superficial de las aguas continentales, en el sentido de la pendiente, que transportan materiales que contienen sedimentos y nutrientes. Como se podrá adivinar éste es el caso del Guadalmedina, del que se puede predicar que es un sistema fluvial tal como ha sido definido, o que es un río si el término nos resulta más familiar. Ambos términos son sinónimos.

EL texto refundido de la ley de Aguas (Real Decreto 1/2001, de 20 de julio) se aproxima más a la nueva concepción de sistemas fluviales que los diccionarios mencionados. Así, en su artículo 2, dice literalmente: constituyen el dominio público hidráulico del Estado: b. Los cauces de corrientes naturales, continuas o discontinuas. Y en el mismo sentido, la Directiva Marco de Aguas 2000/60/CE, en el artículo 2, 4 se lee: “río”: una masa de agua continental que fluye en su mayor parte sobre la superficie del suelo, pero que puede fluir bajo tierra en parte de su curso.

EL Guadalmedina pasa, también, la prueba de la legalidad.

LA tesis de María Elena Martín-Vivaldi titulada Estudio hidrográfico de la “Cuenca Sur de España”, de 1991, nos proporciona la siguiente radiografía hidrológica del río, tomando como base los datos de aforo establecido en el pantano del Agujero (a seis kilómetros de la desembocadura), y que abarcan un periodo que va desde el año hidrológico 1912-13 hasta el 1975-76: “Caudal medio anual o módulo del río Guadalmedina: 0.95 m3 /s” lo que suponen una aportación anual media de 30 hm3. “El año más caudaloso fue el de 1939-40 con 5.1 m3 /s de media” lo que supuso una aportación anual de 158 hm3

SIGUIENDO los resultados de esta tesis se puede comprobar que de los veintidós ríos estudiados de la Cuenca, pertenecientes a la provincia de Málaga, el Guadalmedina ocupa el sétimo lugar en cuanto a módulo o caudal medio de las series estudiadas. La autora concluye el estudio de este río diciendo que: los coeficientes de caudal ponen de manifiesto un tipo de régimen subtropical mediterráneo con máximo invernal (enero 2.8) y un largo y acusado estiaje. A partir del mes de septiembre aparece una ligera escorrentía que va aumentando durante el otoño, alcanzando su máximo en invierno. Las aguas altas duran aún en los primeros meses primaverales para, a partir de mayo, comenzar un rápido descenso que deja sin agua al Guadalmedina en los meses de julio y agosto.

Y este régimen se da cuando aún están pendientes de reforestación unas 8.000 hectáreas desde hace más de setenta y cinco años cuando se inició la repoblación de la vertiente izquierda del río. El río Guadalmedina lleva agua, materiales, sedimentos y nutrientes.

2 -> EL RÍO LLEVABA AGUA PERMANENTE ANTES DE LA CONQUISTA DE LOS RR. CC.

ACUDIENDO a la autoridad de José Ángel Carrera, ingeniero forestal muy vinculado a los Montes de Málaga, podemos conocer que “de este río, que desde los tiempos más remotos hasta hace pocos años después de la reconquista fue un venero de riqueza y bienestar para Málaga y de cuyas aguas, por entonces permanentes durante todas las épocas del año, se sirvieron sus vecinos para atender todas sus necesidades” (Carrera, 1997).

JOAQUÍN M. Díaz de Escobar, cronista de la ciudad en el pasado siglo, en sus Estudios malagueños: sobre el Guadalmedina confirma: “Todavía tres años después de la Reconquista conservaba el río permanencia de sus aguas y de ellas se abastecía el pueblo, según se acredita de un acuerdo tomado por los primeros Regidores de su Cabildo, que en 1490 mandan que ningún ganado turbe las aguas del Guadalmedina, porque usan de ellas los vecinos y era necesario que se mantuviesen puras, acuerdo que posteriormente se ve confirmado por otro, en el que se conmina con grandes penas a los que diesen agua en el río al ganado de cerda. Fue a la entrada del siglo XVI cuando se produjo la transformación y de manso y tranquilo río hubo de tornar en convertirse en torrente devastador”.

EN el mismo sentido se pronuncia la Academia Malagueña de Ciencias en unas jornadas celebradas en junio del 2000. Entre las conclusiones de las mismas se hace la siguiente consideración:

A partir del primer cuarto del Siglo XVI se rompe el equilibrio de la ciudad de Málaga con su río (el Guadalmedina, ‘el río de la ciudad’), de caudal permanente, que venía coadyuvando a abastecer de agua a vecinos y ganado”. Resulta enternecedora esa imagen que se desprende del texto anterior al sugerir ese estrechamiento maternal de Málaga con su río que -se reitera en el nombre- le pertenece; pero ¿quién pertenece a quién?

3 -> MANTENER LA METÁFORA DE ‘LA HERIDA’ ES CONDENAR DE ANTEMANO A LA DESAPARICIÓN DEL RÍO DE LA CIUDAD

PODRÍAMOS adelantar que si algo en la actual ciudad es herida son la mayor parte de las avenidas, como la de la Alameda en toda su extensión, amuralladas con el flujo continuo de coches que hacen difícil, peligrosa y poco saludable atravesarlas a píe. El río puede tranquilamente cruzarse a píe, en bici o en autobús, sin peligro y sin solución de continuidad. Si nos ponemos metafóricos, diríamos que toda la ciudad está crucificada de automóviles. El río ni es disuasorio, ni peligroso ni engorroso atravesarlo, la Alameda sí… y además con el monigote del semáforo que corre más que “el tío los mixtos” marcándote la cuenta atrás del tiempo de seguridad que se te concede, bajo pena de ser ejecutado en el propio asfalto. La pregunta pertinente sería ¿cuántos ciudadanos/as han sido atropellados en los puentes y cuántos en las avenidas, en términos relativos?

COMO bien dijo un perchelero durante un programa televisivo donde se repitieron varios de estos tópicos que estamos desmontando: “no me toquen el río, por favor, que es una de las pocas señas de identidad que quedan de esta Málaga, destructiva de su memoria”, y remató la argumentación con la sabiduría del común preguntándose “¿cómo podemos imaginarnos al Cautivo sin que pase por el puente?”

EL río es un símbolo. La ciudad existe por el río. A sus orillas, o cercano a ellas, la han estado habitando todos sus pobladores, desde la noche de los tiempos. Es el hito fundacional, tal como era: un cauce permeable con su territorio fluvial conexo, hoy bastante deteriorado. Volver lo más cerca posible de su estado original es recuperar señas de identidad, tan necesarias en una ciudad a la que su burguesía dice amar pero que la ha dejado abandonada reiteradamente, por mor del beneficio económico.

¿POR QUÉ el río Guadalmedina es fundador de la ciudad?

TRANSCRIBO: “estas primeras colonias (fenicias) solían situarse en pequeñas islas cerca de las costas y sobre todo en la desembocadura de los ríos… sus pobladores utilizaban las escorrentías para abastecerse de agua e incluso como sistema de excreta” (Cabrera, 1999). Más adelante, citando a la profesora Aubert, se dice: “El reciente descubrimiento de un poblado indígena en el Bronce final en la misma desembocadura del Guadalmedina no hace más que confirmar una estrategia colonial fenicia que sugiere no sólo la existencia de acuerdos con los jefes indígenas de la zona, sino la intrusión del comercio fenicio en las mismas estructuras organizativas de las comunidades indígenas”. No sólo los fenicios, sino los pobladores anteriores andaban cerca del río, lo que no deja de ser lógico pues de allí sacaban el agua necesaria e insustituible y el rudo saneamiento primitivo.

AHORA ya podemos contestar quién pertenece a quién: la ciudad es la que pertenece al río.

Guadalmedina podría traducirse más justamente como “la ciudad del río”.

ME uno a la demanda de sentido común del perchelero, ¿cómo vamos a amputarnos lo más prístino de nuestras señas de identidad? ¿no habrá que hacer como con los demás entes patrimoniales perdidos que nos aprestamos a recuperar, rehabilitar y conservar?


4 -> LA TÉCNICA SÓLO RESUELVE ALGUNAS COSAS; OTRAS ESTÁN POR ENCIMA DE LOS DESEOS Y CAPACIDADES HUMANAS

ES habitual encontrar a los profesionales de la ingeniería muy poseídos de sus poderes. El siglo XX ha sido el suyo: caminos, canales y puertos a destajo. Y sigue la fiesta con el AVE, las autopistas y las ampliaciones de puertos y aeropuertos. Como dato curioso, una vez cumplido el PEIT (plan de infraestructuras nacional) tendremos más autopistas en términos relativos que cualquier país europeo y ¡también en términos absolutos! Como ya somos el primer país del mundo en número de presas por habitante y superficie. Y de todo, como nuevos ricos, pedimos más cada día. El cambio climático no va con nosotros.

IGUALMENTE, muchos profesionales de la historia creen aún en el progreso. Esa manera de pensar que asigna automáticamente a los tiempos presentes mejores notas que a todos los pasados: todo tiempo pasado fue peor. Ahora con lo que sabemos y con el poder técnico que atesoramos o todo se puede hacer o se podrá en el futuro, piensan ellos. Del progresismo histórico, con Juan de Mairena, doble de Machado, recordamos que las cosas, con el tiempo, pueden empeorar. Y que el siglo XX ha sido unos de esos periodos de degradación moral y regresidad de más calado de toda la historia de la Humanidad: ha sido el siglo más mortífero de todos los conocidos.

DEL poder prometéico de la técnica, sencillamente decimos, con toda la modestia que nuestra limitada condición humana nos confiere, que no todo se puede hacer. Además, que en muchos casos ni se debe aunque se pueda.

EL argumento para sostener esta afirmación, que contradice el carácter demiurgo de las posiciones ‘tecnoentusiatas’, es bien simple: no es posible sustituir a la biosfera en sus 3.500 millones de años de experiencia. Es decir, esa cantidad de tiempo construyendo una red inconsútil de interrelaciones, de retroalimentaciones, de fractales, de atractores, de coevolución, de simbiosis, de autopoiesis, de condiciones fuera del equilibrio, de emergentismo… casi todo lo que funciona y permanece es por biomímesis (por imitación de la naturaleza, o contando con sus leyes). ¿Quién dijo que la noosfera y la sociosfera pueden sustraerse de la biosfera? Como seres vivos (primates sapiens) estamos enredados en esta red inconsútil complejísima, de la que hasta ahora lo más sensato que hemos desvelado ha sido nuestra finitud, la provisionalidad de todos nuestros saberes y nuestra pertenencia sin solución a la biosfera.

LA técnica es muy capaz para destruir ecosistemas pero está imposibilitada para crearlos, lo más que puede hacer es protegerlos y acelerar algunos procesos.

ESTA incapacidad, aplicada a los ríos y a su restauración, se concreta en dos principios en los que ya muchos autores están de acuerdo. De un lado, el piensa global y actúa local, es decir la necesidad de llegar a soluciones globales que tengan en cuenta la unidad el sistema fluvial pero a partir de actuaciones concretas, locales. De otro, que la mejor forma de restauración es dejar que sea el río el que vuelva a crear y destruir, el que pueda volver a buscar su equilibrio dinámico perpetuo, el que sea capaz de reformarse así mismo, para lo cual la única actuación técnica que cabe es la de eliminar todas las cortapisas e impactos que impedían esa libertad.

POR todas estas razones rechazamos de plano toda intervención grandiosa, compleja y que violente aún más al río de lo que lo está. Rechazamos cualquier cosa que se parezca a un embovedado y al desprecio simbólico que se inflige con esa propuesta.

¿NO será la hora de aplicar la sabia frase de Einstein, que cuelga ostentosamente de la fachada del Teatro Cervantes, que nos recuerda que sólo los tontos piensan soluciones más grandes, complejas y violentas y que el genio y el valor están, precisamente, en las soluciones contrarias, es decir en las pequeñas, sencillas y no violentas? ¿Qué más no es mejor?

Artículo escrito por Francisco Puche y publicado en la Revista digital “El Observador”: enlace.


OTROS ARTÍCULOS DE INTERÉS:

**Ideas vertidas al Guadalmedina**

**Un ejemplo para el Guadalmedina: en Seúl han derribado una autopista de seis pistas y dos niveles para recuperar el río Cheonggyecheon, que se ha convertido en el espacio de ocio preferido por los ciudadanos **

 

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